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Congreso de vuelta> Francisco Pomares

Fernando Clavijo se ha hecho con el control de su partido en Tenerife, renunciando a nombrar un presidente insular. Parece que lo intentó con Manuel Hermoso, pero Hermoso no quiere estar en primera línea. Lo fácil y seguro habría sido apoyar al candidato de Rivero, Javier González Ortiz, pero -una vez tomada la decisión de hacerse con el partido- Clavijo parece estar decidido a hacerlo con todas las consecuencias. Aún así, en un gesto que le honra y que demuestra que hay otras formas de hacer las cosas, distintas de las que han funcionado últimamente en Coalición, Clavijo ha apoyado la gestión de la ejecutiva insular saliente, que sólo cosechó un irreductible o despistado voto en contra.

Aún así, Coalición Canaria cerró ayer su congreso insular con un potente grito de independencia frente a la ejecutiva nacional que preside Rivero. Más allá de los acuerdos y los enjuagues, lo que proyecta el congreso es la organización del malestar de los nacionalistas tinerfeños ante el desarrollo del Congreso nacional. Un Congreso cuyos resultados olieron a puchezaro en los votos de la organización grancanaria, tan cautiva del Gobierno, tan inexistente, que para montar su propia estructura de cargos internos ha tenido ahora que tirar de los directivos de la Televisión Canaria, en uno de esos escándalos de patio de Monipodio que a Rivero y Barragán parece no preocuparles lo más mínimo ir amontonando.

Mientras en Gran Canaria el Gobierno coloca a sus leales en una organización que es puro aire, pero cota con los mismos votos que la tinerfeña cuando se trata de hacer listas y elegir candidatos, en la banda de babor, aquí en Tenerife, la organización se renueva con la secretaría general de uno de los pocos alcaldes jóvenes de Coalición, un tipo sin enemigos conocidos, hecho a sí mismo, un nacionalista sin complejos que ya ha dejado claro que la verdadera renovación del partido pasa por recuperar los viejos formatos.

Es cierto que Rivero mantiene algunas piezas en la ejecutiva insular recién elegida. Pero ha perdido el control total de la organización tinerfeña que le daba González Ortiz. Por eso, lo que ocurra en los próximos dos años en Coalición tendrá mucho que ver con la dialéctica de las relaciones entre Rivero y Clavijo: de si se respetan mutuamente las áreas de influencia o se dedican a pisarse uno al otro la manguera. A juzgar por el gesto de apoyar la gestión de González Ortiz, Clavijo no parece buscar guerra. Ya veremos si Rivero se coloca o no en sintonía.