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Hace ya un par de décadas, la refinería de Tenerife redujo su ocupación de territorio a la mitad, vendiendo a particulares los terrenos de lo que hoy es el barrio nuevo de Cabo Llanos.

La venta produjo una importantísima expansión de la ciudad por el Sur, aderezada con obra de financiación pública en la zona litoral, como el Recinto Ferial, el Parque Marítimo o el Auditorio. Eran tiempos de vacas gordas, de crecimiento desaforado, de ingentes recursos destinados a la construcción, y la ampliación de la ciudad se convirtió irremediablemente en un proceso especulativo con escasa visión urbanística, centrado en la instalación de edificios de grandes almacenes, oficinas, y torres de viviendas, la mayoría de ellos bastante horripilantes. Hoy la crisis ha castigado también a la zona, en la que muchas propiedades viven su particular reventa a la baja.

Entre las pocas parcelas que lograron salvarse a la edificación más agresiva, está la que alberga El Tanque, un antiguo depósito de la refinería, único vestigio de arqueología industrial en el barrio que ocupaba Cepsa, y que solo la tozudez de la entonces consejera insular de Cultura, Dulce Xerach Pérez, y de un grupo de amigos suyos, logró salvar del derribo, convirtiéndolo primero en un espacio para exposiciones y happenings culturales, y más tarde logrando su declaración como Bien de Interés Cultural.

Hoy se cumplen 15 años de la inicial apertura de aquel espacio, convertido desde su arranque en un polémico centro de arte de vanguardia, en el que se han sucedido algunos de los eventos culturales más importantes celebrados en Tenerife.

15 años dan para mucha historia, y El Tanque la tiene: estuvo a punto de ser derribado en un par de ocasiones, y las negociaciones entre corporaciones y con la propietaria del terreno -que lo cedió solo provisionalmente- darían para escribir una historia de suspense. Se trata -además- de un espacio poco valorado por una parte importante de la ciudadanía, y de los políticos, y su actual conservación -ya definitiva- es casi un milagro. Y es que a los inmuebles emblemáticos o polémicos también les ocurre lo que Cela atribuía a las personas cuando pronunció aquella famosa sentencia suya: “En España, el que resiste, gana”. En plena crisis económica, con la cultura convertida en la hermana pobre en todas las administraciones, El Tanque sigue siendo la demostración de que el empuje y el valor personal pueden influir en el desarrollo de los acontecimientos, de que la acción ciudadana sí sirve para cambiar algunas cosas.

Felicidades, pues, por estos primeros 15 años de resistencia.