TRIBUNA ALTA>

El Deporte con mayúsculas> Ricardo Melchior

Bajo la sugestiva denominación de Isla Única de Tenerife, esta semana se ha presentado en el Cabildo el acuerdo de fusión de los dos principales equipos de baloncesto femenino de nuestra tierra, el Isla de Tenerife y el Uni Tenerife. La confirmación de esta alianza, que sin duda adquiere carácter modélico, casi ha venido a coincidir en el tiempo con la asignación de una plaza en la Liga ACB al Club Baloncesto Canarias, que ve refrendado así el ascenso de categoría que ya había conseguido sobre la cancha de juego.

Deseosos de disfrutar de buenas noticias, las gentes del deporte isleño encuentran en estos hechos, del todo felices, motivos para el estímulo. En tiempos desgraciadamente marcados por circunstancias adversas, que tienen su origen en la complicada coyuntura económica que atravesamos, resulta muy gratificante la suma de voluntades en busca de acuerdos sólidos. Se trata de una fórmula que trasciende más allá de lo deportivo y que debiera servir de ejemplo en otros ámbitos, como la política, la economía y la sociedad. Seguro que nos iría mejor a todos.
Aunque el Cabildo ha tratado de poner su granito de arena en este proceso, sus grandes protagonistas son los rectores de los clubes ahora fusionados, que se han empleado con enorme generosidad. Conscientes de que el acuerdo es en beneficio de la Isla y de que a veces hay que renunciar a intereses propios a favor de intereses superiores, o de calado colectivo, han estado a la altura de las circunstancias. Porque en la situación actual necesitamos aglutinar equipos capaces de afrontar el futuro con posibilidades de éxito. Los francotiradores son del siglo pasado.

Otro modelo a seguir es el encarnado por los responsables del Club Baloncesto Canarias, artífices de una gestión muy eficiente en los últimos ejercicios. Paso a paso, midiendo los tiempos en el desarrollo del proyecto que se habían trazado, han sido capaces de devolver el baloncesto tinerfeño a la máxima categoría nacional. Si fue sobresaliente el desempeño de sus jugadores y cuadro técnico para ser campeones de la Adecco Oro, no menos brillante ha sido la prudente gestión de sus directivos en el complicado proceso posterior para alcanzar una plaza en la ACB.

Una tercera iniciativa ejemplar, que en este caso funde deporte y solidaridad, también merece ser tenida en cuenta estos días. Lleva por nombre Runspiral 2012 y se trata de un proyecto liderado por el atleta tinerfeño Darío Dorta, que recorrerá la Isla, a través de senderos y carreteras, hasta completar 280 kilómetros, sin descanso y solo con la ayuda de sus piernas. Con la realización de este reto, el próximo 14 de septiembre, su promotor pretende recaudar fondos para la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la Fundación María García Estrada, creada en memoria de la golfista isleña, para financiar y crear programas de investigación sobre el sarcoma, la patología que acabó prematuramente con su vida.

Se entiende así la grandeza del Deporte, con mayúsculas, y su enorme arraigo en nuestra sociedad. Más allá de resultados, de victorias y derrotas, estamos ante una actividad capaz de brindarnos normas y comportamientos dignos de ser tenidos en cuenta en cualquier orden de la vida.

Para finalizar, no me olvido de que este viernes se inauguraron los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y las distintas competiciones atraen nuestra atención. Del mismo modo, a finales de agosto se iniciarán los Juegos Paralímpicos, también en la capital británica. Estamos siempre muy pendientes de nuestros deportistas a los que, desde esta tribuna, quiero desear toda la suerte del mundo y que disfruten intensamente este acontecimiento único que tienen la fortuna de vivir en primera persona. Vaya para todos ellos nuestro ánimo.

*Presidente del Cabildo de Tenerife