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El paquete Peña Nieto > Luis Aguilera

Interesante discusión dejan las elecciones en México para determinar hasta qué punto han sido un ejercicio de la democracia o, bien por el contrario, una operación de marketing político y sabrá Dios de qué más y que desde luego las anula como voluntad popular. Que hayan existido ciudadanos que depositaron su voto por el candidato que aparece con la mayoría, podría legitimarlas. De otra manera habría que aceptar que esos ciudadanos han sido incapaces de elaborar sus propias convicciones. Claro que surge inmediatamente la pregunta de cómo actúan los medios de comunicación sobre una audiencia cautiva en tanto que prensa, radio y televisión pertenecen a un monopolio tan hegemónico que domina toda la información, o con más precisión, la propaganda.

El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto más parece el envase de un producto hecho a imagen y semejanza de los guapos de telenovela que un político de doctrina y pensamiento. En la Feria del Libro de Guadalajara fue incapaz de citar el título o el autor de tres libros.

Nadie está obligado a ser lector pero alguien que aspira a manejar y dirigir un país podría haber mencionado de apuro a un par de autores nacionales, empeño no difícil si se tiene a Octavio Paz o a Juan Rulfo o a un residente en su país como García Márquez. Puede suceder que la literatura no sea de su interés pero al menos, hombre, de otro tema. Tampoco tuvo propuestas políticas argumentadas, habló de reformas sin entrar en conceptos y más bien se proclamó continuador del actual presidente que se supone gobierna bajo los parámetros de un partido contrario al suyo.

Y aquí se puede entrar en el laberinto de las especulaciones. Para empezar resulta muy extraño que Calderón se haya apresurado a reconocer la victoria de Peña Nieto con sólo el primer indicio, sin esperar el resultado final. Hablar el mismo día de elecciones de traspaso de gobierno con el aun no proclamado presidente electo, parece más una conjura para dar por consumado el hecho que un acto de grandeza republicana. Por si fuera poco, Peña Nieto se adelanta también a esa oficialización y ya en plan presidencial llama a Obama como quien le pone la testa al dueño de la corona. Añadir a lo anterior el respaldo del expresidente Fox, antipriista él y el haber presentado como consultor al exjefe de la policía colombiana, general Naranjo. Cualquiera puede pensar que se necesita un experto para la lucha contra los carteles que masacran a México. Lo curioso es que Naranjo está contaminado. Siendo el adalid de Uribe para combatir el narcotráfico, se le han colado entre sus dedos su propio hermano, detenido en Alemania, el jefe de la policía secreta de Colombia, unos cuantos familiares, congresistas y exministros de Uribe y el más reciente, su jefe de seguridad personal que acaba de entregarse a las autoridades estadounidenses. Como mucho para hablar de su idoneidad.

Así que si juntamos todo el paquete Peña Nieto tenemos un bonito alijo de poderes de sospechosa limpieza democrática y más cuando abundan otras no menos azarosas denuncias como la compra de votos y de empresas privadas que manejaron un enorme presupuesto a favor de su campaña. México estará lejos de Dios pero sobre todo de la nueva América Latina.