TERTULIA HABANERA > Othoniel Rodríguez

Gades, recuerdos de un bailarín excepcional > Othoniel Rodríguez

Conocí el talento de Antonio Gades para el baile a través del cine: Los Tarantos, El Amor Brujo. Esas películas me dejaron muy impresionado a causa de su fuerte técnica y deslumbrante proyección escénica. Tiempo más tarde pude ver Con el viento Solano y Los días del pasado. Ambos filmes hicieron crecer mi admiración por el apasionado estilo de su baile flamenco.

Años después la vida me obsequió un hermoso regalo: Gades se encontraba en La Habana colaborando con el Ballet Nacional de Cuba, montando su coreografía sobre Bodas de sangre, esa obra maestra de Federico García Lorca. Los medios de difusión aprovecharon la ocasión para entrevistarle y presentarlo en diferentes actos, como La Peña de Los Juglares, dirigida por la cantautora Teresita Fernández y el narrador oral Francisco Garzón Céspedes. Allí lo tuve frente a frente, muy locuaz y comunicativo con el público asistente. Ese día nos dio una lección que nunca he podido olvidar. Se desdobló en un perfecto cuentacuentos, ofreciendo con humildad y sencillez la historia de su vida, de cómo un niño muy pobre, a base de sacrificio y limitaciones, pero de fuerte carácter y muchísima voluntad, pudo llegar a pasear el baile flamenco por las grandes plazas y teatros de Europa, América y Asia. Y recalcó: antes de la técnica está la ética. Ése era uno de sus puntos cardinales. No olvidó mencionar también a su descubridora, Pilar López, como a todos aquellos que lo habían ayudado en su carrera.

Por esos tiempos Gades ya había dejado de bailar, pero solo la amistad que profesaba a la legendaria bailarina Alicia Alonso y los ánimos ofrecidos por el Ballet Nacional de Cuba, le hicieron regresar a la escena, esta vez en un pas de doux único Ad libitum, junto a la Alonso, donde los dos demostraron el sentido único y el poder de la danza universal. Se mezclaron las puntas con el flamenco. Sergio Vitis les compuso una música con elementos españoles y afrocubanos para la ocasión. Alberto Méndez, el coreógrafo, ideó un contrapunto en el baile donde la excepcional pareja se lució al máximo arrancando los aplausos en el preestreno de La Habana y en estreno de Nueva York, en el Metropolitan Opera House. En esa gira, a petición de Alicia, aceptó un reto muy peculiar en su carrera, pues asumió el rol de Hilarión del ballet Giselle y bailarlo junto a la Alonso en la ciudad donde 35 años antes la gran diva del ballet la había estrenado. El MET se rindió a sus pies.

A su regreso a España Gades dirigió el Ballet Nacional de España y rescató lo más valioso de la coreografía española. Tiempo después creó el Grupo Independiente de Artistas de la Danza. Filmó con el director Carlos Saura sus versiones coreográficas hasta llegar al exitazo de Carmen, obra que llevaría luego a la escena teatral. Gades siguió su camino de éxitos, presentándose con su compañía por todo el mundo, cosechando triunfos y reconocimientos. Exactamente en 1994, la vida deseó darme otro regalo con Gades de por medio: Fuimos compañeros de asientos en un vuelo Habana-Madrid y pude conocer de cerca su amabilidad, gentileza y solidaridad. En esas nueve inolvidables horas de vuelo pude darme cuenta de su gran humanidad, de su sencilla dignidad y de su altísima categoría moral.
Nuevamente tuve la oportunidad de escucharle su relato sobre su llegada al mundo profesional, esta vez en un tono menos coloquial, muy íntimo, con muchísima modestia, sin ninguna vanidad.

Luego triunfó con Fuenteovejuna, adaptación del texto de Lope de Vega, que provocó de nuevo una larga gira internacional, con premios, distinciones y condecoraciones, entre ellas la Medalla del Círculo de Bellas Artes de Madrid, los premios Carmen Amaya y Vicente Escudero de Danza y Coreografía, y el Premio del Gran Teatro de La Habana.

En 2004 se nos fue Antonio Gades, pero su recuerdo quedará para siempre como uno de los grandes de la danza universal.

Othoniel Rodríguez es Pianista