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Imaginación municipal > Leopoldo Fernández

Lo apuntaba el otro día al aludir a la libertad horaria para los comercios y lo reitero hoy a propósito de la primera experiencia del proyecto Vive la Rambla, del Ayuntamiento de la capital santacrucera. La imaginación, la creatividad, la innovación, la experimentación, todo aquello que contribuya a acercar los servicios a los ciudadanos y dinamizar la vida de la ciudad debe ser bien recibido. La gente quiere que algunas plazas, ramblas o calles de la capital se llenen de alegría y acción durante los fines de semana, siempre propicios al ocio y disfrute del tiempo libre. La huida al Sur, el paseo por parques y avenidas o la holganza y el baño en la playa no deben ser razones suficientes para que no se pongan en marcha iniciativas que contribuyan a dar vida a zonas urbanas mediante actividades culturales, artísticas, comerciales y recreativas. No podemos dejar morir la ciudad durante los fines de semana, y Santa Cruz camina en esa dirección si no se pone rápido remedio. La capital carece del empuje comercial, la vitalidad y la tradición costumbrista de La Laguna, donde la corporación municipal y el empresariado trabajan con acierto para realzar esas virtudes, que crecen también gracias a una excelente peatonalización que es complemento primoroso para una ciudad patrimonio de la humanidad. En Santa Cruz una parte de la Rambla, entre la plaza de la Paz y la plaza de toros, ha servido para la puesta en marcha de un proyecto municipal destinado a dinamizar esa zona y procurar actividad comercial, entretenimiento y distracción, sobre todo a la gente menuda. Como la iniciativa ha cosechado éxito, el Ayuntamiento se propone repetir la propuesta al menos una vez al mes, en diferentes lugares.

Lo que hace falta, además, es complementar estas acciones con la apertura de museos y centros culturales y con la disponibilidad de zonas de recreo de colegios, públicos o no, y centros de diversa índole, de modo que la ciudad toda presente un amplio abanico de ofertas para pasar el rato, hacer deporte, intercambiar coleccionismo, comprar y vender productos, etc. Si la corporación municipal es capaz, con sus iniciativas, de poner en práctica, pero de verdad, el recordado Santa Cruz para vivir, ese espíritu ciudadano que pretendía una ciudad más limpia y alegre, más dinámica y servicial, más comunicativa y de máxima calidad de vida, estaremos en el camino de lograr que nuestra capital vuelva por sus fueros y deje de caer en el pozo de las poblaciones más desangeladas y abandonadas, como recientemente recogía una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios. Resumiendo: es urgente reactivar la vida de Santa Cruz, sublimar las normas de convivencia, empezando por la amabilidad y la simpatía -entre nosotros mismos y con los visitantes-, y mejorar sensiblemente las pautas medioambientales y la limpieza en general, edificios incluidos, cuidando especialmente el mobiliario urbano y los parques. Solo así proyectaremos una buena imagen de lo que queremos ser a partir de ahora.