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La guerra de la pintura

Tenerife Paintball está situado en la carretera de la Esperanza, kilómetro 16. | DA

SANTY TORRES | Santa Cruz de Tenerife

Un disparo. Una mancha roja cubre el pecho del oponente. El líquido se va extendiendo por su cuerpo, pero el hombre no cae al suelo. Mientras su enemigo huye, él comienza a recordar que no se trata de una verdadera batalla, está jugando al paintball con sus amigos. Es ahí cuando recobra la fuerza para contraatacar y derribar a sus adversarios.

Lula Natalia González dirige Tenerife Paintball, una empresa que, desde el 2003, cuenta con un equipo de profesionales dispuestos a ayudar a la gente a descubrir una actividad que les permita “salirse de lo común y normal”. La directora de este centro anima a participar en este especial juego de estrategia, principalmente, porque “ayuda a ser más feliz compartiendo tiempo con los amigos”.

Además, el paintball ayuda a eliminar tensiones y a reforzar el carácter, en el sentido de que te hace tomar decisiones complicadas en milésimas de segundos. Asimismo, es un juego que cuenta con el factor clave del equipo. Todos los movimientos deben ser consensuados con el fin de alzar la ansiada bandera de la victoria.

Lula asegura que muchos de los novatos en esta experiencia repiten, lo que demuestra el importante grado de aceptación que tiene esta actividad. Sin embargo, reconoce que “algunas personas tienen miedo” a iniciarse en este juego debido a la mala información que provee en algunas ocasiones la red. Ante esto, la directora de esta empresa recuerda que “no toda compañía tiene la misma forma de trabajar; ni ofrece la misma cobertura”: Por este motivo, recomienda aprovecharse de las ventajas del mundo 2.0 de una forma “inteligente”, para nutrirse de la información y opiniones de otros usuarios antes de dirigirse a una empresa determinada.

Tenerife Paintaball fomenta el respeto a las normas de seguridad ante todo, así como el uso de material de calidad. Por ello, sólo trabajan con mayores de 18 años, salvo en cumpleaños de niños de más de cinco, a los que se les ofrece pequeñas pistolas de juguete que lanzan un velcro totalmente inofensivo.

La conclusión es que se unen muchos factores para poder amenizar la tarde con una actividad muy diferente de las que practicamos asiduamente. Una partida de ajedrez por su estrategia; una pelea de almohadas por su sensación de grupo; pero sobre todo, una auténtica guerra de la pintura en la que poder disfrutar y descargar adrenalina.