Plan general de ordenación> una santa cruz de futuro (I)

La historia de un deseo

Imagen de archivo de una vista aérea de Santa Cruz de Tenerife. | MOISÉS PÉREZ

NATALIA TORRES | Santa Cruz de Tenerife

El Plan General de Ordenación de Santa Cruz de Tenerife (PGO) no ha dejado de generar expectativas desde su inicio, unas buenas y otras no tanto. La figura del fuera de ordenación, las modificaciones solicitadas por la Comisión de Ordenación del Territorio (Cotmac), su caducidad, las acusaciones de que se habían cambiado cosas más allá de lo solicitado, pero sobre todo, la vertiente política del Plan, han oscurecido el trabajo que hay detrás de las más de 300.000 páginas que lo componen.

Un trabajo en el que se detallan las líneas maestras sobre las cuales Santa Cruz debe construir su futuro: reactivación económica, la relación puerto-ciudad, la integración de la ciudad antigua, convertir los barrios en parte de la urbe y crear un soporte de infraestructuras para que todo lo anterior sea una realidad. Estos puntos son los que defienden los encargados de redactar el PGO: Juan Manuel Palerm, Leopoldo Tabares de Nava y Fernando Senante. Para ellos, son numerosas las cuestiones que por un motivo u otro, polémicas y no tanto, han impedido centrar la atención en lo que, entienden, es la verdadera intención del documento: dotar a Santa Cruz de herramientas para el futuro.

La visión de ciudad, que se empezó a diseñar mucho antes de este documento, nació en 1957. “El Plan de 1957 ya mostraba la necesidad de construir elementos como la vía cornisa o la avenida Tres de Mayo. Planificó el primer ensanche hacia La Salud o la conexión radical entre Santa Cruz y La Laguna a través de lo que hoy es la TF5; todo eso lo planteó el plan del 57”, señala Palerm. Tabares añade que “ese Plan, propuso ampliar la ciudad con una altura media de cuatro o cinco plantas”. Unas alturas que el boom urbanístico del final de los 70 desbordó y que para regularizar las construcciones obligó a la ciudad a modificar el Plan del 57 aumentando plantas, en unos casos, y creando herramientas ajenas al documento en otros. La ley del suelo del 78 obligó a Santa Cruz a tener un nuevo Plan.

Es en ese momento cuando se plantea la necesidad de un nuevo documento que se adapte a la realidad y que incorpore esas ‘herramientas’. “La nueva ley establecía unos nuevos coeficientes de densidad y de espacios públicos libres”, detalla Tabares, “por lo que lo que hizo el plan del 92, que se empezó a gestar en el 82, fue bajar altura. Esa fue una de las premisas de ese plan, aprobado por unanimidad y con aplausos, porque se suponía que era ir en contra de los tejemanejes de la época anterior”.

Los arquitetos Juan Manuel Palerm (al frente) y Leopoldo Tabares de Nava defienden un futuro para la ciudad más allá de lo inmediato. / SERGIO MÉNDEZ

Un asunto de antes

Fue con el Plan del 92, como explican Tabares de Nava y Palerm, cuando surgió la figura del fuera de ordenación. “El fuera de ordenación no es tema que introduzca este Plan General. Es un término urbanístico y es por encima de todo, una forma de ordenación como otra cualquiera, recogida en la legislación urbanística”. Ambos arquitectos señalan que “el fuera de ordenación sirve para regular a ciertos edificios que cumplen o no una serie de determinaciones que en un momento concreto pone la ciudad en un Plan General”.

Tabares se muestra contundente en este punto: “Los edificios que están en fuera de ordenación ahora, lo estaban igual en el plan del 92. No hay más ahora que antes, son exactamente los mismos”. El arquitecto pone como ejemplos de calles que se construyeron en altura en esa época como la de San Francisco, Rambla Pulido o San José, “son edificios que ahora tienen ocho plantas y que gracias a esas ‘herramientas’ que hablábamos antes se pudieron construir”. “Lo que se hizo en el 92, continua, fue bajar a seis plantas porque era una locura que calles tan estrechitas tuvieran tal altura”.

Esos edificios quedaron en fuera de ordenación desde entonces y lo que el Plan del 92 hizo fue “regularizarlos para que el día que alguno de ellos se reconvierta, en vez de ocho plantas, tenga seis”. Para Palerm, el fuera de ordenación “es un término que se presta a interpretaciones perversas y si se lleva a los extremos puede que se identifique el fuera de ordenación con fuera de licencia y eso es una situación que tendría que analizarse caso a caso”. Tabares añade que “si la idea del 92, sobre la que nosotros trabajamos, ya no vale y se quieren más alturas, pues entonces se tendrá que cambiar la ley porque nosotros no tenemos mecanismos para modificarla”. El arquitecto va más allá y añade que “ahora se plantea suspender esos ámbitos y la realidad es que si se suspenden quedará vigente para ellos el Plan del 92”, entonces, se pregunta el arquitecto, “para qué suspender si quedan igual”.

Política

Cuando se les pregunta a los redactores del PGO sobre los condicionantes, no ya técnicos y legales, sino los procedentes de la coyuntura política, no dudan en afirmar que “los políticos no nos han ayudado en nada”. Dice Tabares que “en esto los políticos son muy flojos, nunca han propuesto nada. Nosotros hemos hecho una propuesta sobre la ciudad y su futuro que les parece bien en términos generales y que en algunos casos nos han dicho que es mejor otra opción, pero propuestas importantes para la ciudad, ninguna y en ninguna de las etapas”.

Palerm añade que “el avance y la aprobación inicial de este Plan, que es donde están los conceptos fundamentales del planeamiento general, se aprobó por unanimidad”. Para Tabares el problema está en que “todo se ha radicalizado pero lo cierto es que cada cosa con la que han atacado al Plan se ha desmontado”.

Ambos arquitectos insisten en que el nuevo Plan General es un documento abierto y que, una vez aprobado, al año, ya se puede volver a modificar.

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Empezar de nuevo

Para los redactores del PGO, empezar de nuevo es “una locura” pero son claros al expresar que “si alguien nos demuestra que nada de lo que este Plan propone para la ciudad es bueno, entonces que empiecen de nuevo”, señala Tabares. “Si me demuestran que el plan no sirve absolutamente para nada, que todas las propuestas urbanísticas no sirven porque ha cambiado la vida, yo lo acepto, pero que me digan cuáles no sirven”.

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