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La Unión Europea sí tiene remedio> Ignacio González Santiago*

Las decisiones más recientes de la Unión Europea (UE), el rescate de España hasta cien mil millones de euros, primero a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) y luego directamente a los bancos, demuestran que por fin la UE y Alemania, que son en el fondo la misma cosa, se han dado cuenta de que lo que nos pase a nosotros les afectará también a ellos, porque todos somos parte de Europa.

Si España cae, su caída retrasaría el crecimiento de Europa, quizás durante décadas, como le ocurrió a Japón, y el euro quedaría definitivamente tocado de muerte.

Prestarle directamente a los bancos aliviará el endeudamiento de España y evitará que tengamos que hacer más recortes y sacrificios, para que no se dispare aún más el déficit público, por el pago de intereses.

La elección del presidente Hollande en el país vecino de Francia, contrario a las políticas liberales de austeridad, y la constatación de la paralización de la incipiente recuperación económica en Alemania, por la caída de las exportaciones al resto de los países europeos, debida a la contracción de sus economías, encendieron por fin las alarmas en la UE.

Después de los sustos de Irlanda, Portugal y Grecia, lo que faltaba era la salida del euro de España, lo que precipitaría sin duda y seguidamente la de Italia.

Hasta entonces, Alemania, la economía más grande de Europa, el Banco Central Europeo (BCE) y la UE habían mirado para otro lado ante los problemas de sus estados miembros, como si no fuera con ellos, limitándose a prestarles los fondos que necesitaban en unas condiciones leoninas tales que empeoraron gravemente su situación económica y además les crearon un nuevo conflicto social, por los brutales recortes en las prestaciones sociales básicas que les obligaron a adoptar.

Ante el peligro español, Europa reaccionó esta vez con decisión, pensando seguramente en sí misma, no en España, sino en la propia UE, de la que España es una parte importante, más grande que Irlanda, Portugal y Grecia juntas, y con la vista puesta en Italia, que representa en términos económicos el doble que España.

El riesgo de un crack financiero en España, que arrastraría posteriormente a Italia, teniendo en cuenta que la suma de las dos economías juntas superaría a Alemania, era inasumible para la UE. Y Europa actuó por primera vez como un sólo país, los Estado Unidos de Europa, con contundencia, y resolvió de un plumazo el problema de España, que era también el suyo.

La intervención de la UE tranquilizó los mercados, ahuyentó a los especuladores que ya se cernían como buitres sobre Italia y lanzó una señal inequívoca y definitiva a los agoreros antieuropeístas recalcitrantes: Europa respaldaría siempre a los estados miembros y a su moneda.

¿Qué dirán ahora aquellos que vaticinaron abiertamente la muerte del euro y la salida de la unión monetaria de Grecia y España?

¿Qué dirá aquel premio nobel de economía metido a pitonisa, con nombre de pulpo, que no acertó una? ¿Y los que lo citaron como si fuera el oráculo de Delfos? Nada, porque han hecho el ridículo.

El final del camino que los europeos empezamos hace más de sesenta años, con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), en 195l, debe ser la constitución formal de los Estados Unidos de Europa, una federación política de países. Sólo así, como ha quedado demostrado recientemente, la UE tendrá remedio.

*Presidente federal del Centro Canario Nacionalista (CCN),
abogado, economista, MBA,
y diputado en el Parlamento de Canarias
@ignaciogonsan