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Mil hectáreas quemadas en cinco días de difícil lucha contra el fuego

Uno de los hidroaviones que trabaja en la extinción del incendio forestal que desde el pasado domingo afecta al sur de la isla de Tenerife. | EFE


VICENTE PÉREZ
| Santa Cruz de Tenerife

Todo empezó en Ifonche. El fuego que acabaría expandiéndose por 5.000 hectáreas del Sur de Tenerife, se inició poco después de las tres de la tarde del pasado domingo en unas huertas de este caserío de Adeje, obligando a evacuarlo, junto a Taucho y La Quinta. De allí saltó a los mayores barrancos de la Isla: el adejero del Infierno, y el de Tágara, en Guía de Isora, donde acabaría agonizando. A la vez, por el este avanzó también hacia Vilaflor, amenazando a su casco, cuyos habitantes fueron evacuados el martes y no pudieron volver hasta la tarde del jueves.

El infierno que acabó calcinando cerca mil hectáreas de monte se hizo mas fuerte el lunes, con temperaturas de más de 35 grados y y baja humedad, circunstancias que continuaron así toda la semana. La enorme columna de humo se divisaba en buena parte del Sur. Aquella jornada se logró contener el avance hacia Vilaflor, pero no hacia al oeste, donde se evacuaron los caseríos de Tijoco Alto y Las Lajas. Ya entonces un operativo de más de 500 personas luchaban contra el fuego.

Por entonces era un clamor la necesidad de contar con hidroaviones, que llegaron el martes procedentes de la Península y empezaron a arrojar agua el martes a las 15.00 de ese día en el frente de Vilaflor, que se había ido acercando peligrosamente al pueblo. Como una fiera desbocada, el martes por la tarde las llamas se plantaron a las puertas de Vilaflor. Los 400 habitantes que en ese momento moraban en el casco tuvieron que ser desalojados por la Guardia Civil. Comenzó entonces la noche más amarga: trabajando contrarreloj, equipos civiles y militares realizaron contrafuegos y cortafuegos, en una denodada y arriesgada lucha por salvar el pueblo. Las llamas se adentran incluso en Las Cañadas.

El miércoles seguía la batalla por Vilaflor, donde se centraban todos los medios, mientras el fuego avanzaba por los montes de Guía de Isora, y huye por los abruptos barrancos de Niágara y Tágara, con riesgo de pasar a Santiago del Teide, de lo cual alertó el alcalde isorano, que reclamaba medios aéreos. Estos llegaron al fin al mediodía, una vez estabilizado el fuego junto al casco chasnero, cuyas casas y pinares circundantes resultaron intactos, y los vecinos pudieron regresar a sus casas al mediodía del jueves, ya sin humo en sus cumbres. Todos los esfuerzos por aire y por tierra se volcaron entonces en Guía de Isora, donde ardieron sus mejores pinares, en Tiágara. Finalmente, el fuego se frenó en ese barranco inaccesible donde sólo se podía actuar desde el aire. El viernes, por la tarde, el incendio quedó controlado y el Gobierno canario anunció que rebajaba la emergencia del nivel dos al uno, volviendo el mando al Cabildo.

Ayer continuó la vigilancia, pues técnicamente no se considerará extinguido hasta dentro de unos días. Pero la pesadilla ha terminado.