soliloquios >

¡Ño!, por aquí no paso > Ramiro Cuende Tascón

¿Cómo que el fin del aborto libre? ¿Por qué quieren decidir sobre asuntos de conciencia tan personales como el aborto? ¿Alguien piensa que abortar es divertido? Señor ministro y acólitos, dedíquense a hacer aquello que nos mejore la vida y dejen quieto lo que ya no es problema para nadie.

Recuerdo que cuando el anterior gobierno le metió mano al asunto del tabaquismo y se puso a restringir su disfrute, lo entendí malamente. Legislar cuestiones de, para mí, índole tan personal me parece equivocado.
En relación con lo del aborto, que me tiene hablando solo, cómo alguien que firma como exportavoz, de Juana y de la hermana, por más señas, debería pensar y reflexionar sobre su capacidad y condición ética y moral para soltar tamaña diatriba. Y saber que no basta con darse algún que otro golpe de pecho en misa de doce los domingos para adoctrinar a la gente de bien con artículos de tan pobre catadura, como el del aborto.

Escribir está bien. Como escribió Sampedro, hace feliz. Pero ¡primo!, piensa. Tanta ideología aporta poco. Claro que con creencias tales como la de que “Dios ha querido darnos el regalo de hacernos sus hijos, y que nos ha regalado la Iglesia, comunidad que le hace presente en medio de este mundo”. ¿Qué quiere que le diga?

Y todo para agradar la oreja a otra cuerda de aventajados que algún día enviarán sotto voce a alguna joven, amiga de la familia o de la familia misma, a dejar su infamia en algún lugar, mientras la chusma, que no puede ni con su alma -por mil motivos-, aliviará su decisión, con y en condiciones penosas, para que gente como usted ronquen tranquilos. No lo puedo creer, es infame.

La experta doctora Joya de nombre Gador, la que parece ser ha visto a Dios y a la que el citado le ha pedido que dé el do de pecho, junto a sus colegas de profesión.

En una entrevista reciente le preguntaron.

-¿Do de pecho, a todos? A todos, sí. Y a los médicos, que somos muy pasivos, también.

-¿Sabe? Ese, el de los talentos, es un pasaje del Evangelio que me inquieta.

-¿Por qué? Porque a Dios lo veo como un padre amoroso, alguien que siempre está ahí. Y que da y da y da… Y me preocupa que pase el tiempo sin haberle correspondido.

-¿Tanto le ha dado? Muchísimo. No podré agradecérselo suficiente. Me siento mimada por Dios ¿Qué da? ¿A quién? ¿Dónde da? Con el respeto que queda, no tiene un pase.

¿Mala conciencia? Las suyas seguirán abortando a escondidas de la plebe, con los ahorritos de mamá y papá. La chusma ¡Que se…! ¡Que se jodan!, que diría su doña.

A seguir viviendo, que son dos días.