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Ocho años de cárcel por abusar repetidamente de un niño de nueve

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Un varón nacido en El Aaiún hace 37 años ha sido condenado a ocho años de prisión recientemente por la Sección Quinta de la Audiencia provincial de Santa Cruz de Tenerife como autor de un delito continuado de abusos sexuales cuya víctima es un niño que, en el inicio de lo que ahora considera probado el referido tribunal, tenía nueve años, según la sentencia que obra en poder de este periódico.

Dicho documento judicial, fechado el 22 de junio pero que se hizo público la semana pasada, da por cierto que entre octubre de 2008 hasta junio de 2010 el ahora condenado engatusaba al pequeño con un juego de cartas para atraerlo a su domicilio, sito en la calle Jaquita, en Alcalá (término municipal de Guía de Isora).

Según se detalla, una vez que lograba que accediera al piso lo sometía a distintos tocamientos e incluso en ocasiones practicó sexo oral y anal con el niño, a pesar de su rechazo e insistentes negativas, por lo que sufrió lesiones que fueron certificadas posteriormente por los especialistas que lo atendieron.

Para fundamentar la sentencia a pesar de que se trata de sucesos que tuvieron lugar en la clandestinidad, el tribunal explica en sus fundamentos jurídicos que la declaración de la víctima cumple con los requisitos de persistencia, ausencia de contradicciones esenciales y verosimilitud pero, sobre todo, “en la inexistencia de circunstancias que pudieran hacer pensar en un interés incriminatorio ajeno a los hechos enjuiciados”. Así, de las palabras del pequeño se coligen “con naturalidad y total coherencia” la serie de abusos a la que fue sometido por el ahora condenado, así como el miedo que sentía a contar lo que sucedía, al punto que fue otro menor de edad amigo de él quien avisó a sus padres cuando ya habían pasado más de 20 meses del primer encuentro en aquel piso.

De especial importancia es el hecho de que la víctima describiera sin error una serie de detalles de cómo era la vivienda, posteriormente corroborados por la inspección de la Guardia Civil, a pesar de que el adulto sostuvo en la vista oral que el niño nunca había subido al piso.
Tampoco tuvo fortuna otras declaraciones del ahora condenado durante el juicio, ya que dijo sólo conocer al niño de la Mezquita, que apenas sabía hablar el idioma castellano (a pesar de llevar seis años viviendo en territorio nacional) o que no sabía la edad del niño. A este respecto la sentencia resalta que en sus manifestaciones siempre se refirió a la víctima como el niño, además de que, a pesar del tiempo transcurrido, resulta “evidente su aspecto aniñado”.

Además de la importancia de lo expuesto, la sentencia también se apoya en lo declarado por los forenses durante la vista oral, tanto por parte del médico que lo atendió en primera instancia tras presentarse la denuncia como por una especialista que abundó en lo verosímil de las secuelas encontradas y el relato ofrecido por la víctima.

Por último, apuntar que dos psicólogas descartaron “cualquier tendencia patológica a la fabulación” por parte del niño, así como que “no existen indicios de invención ni mimetismo en sus declaraciones (…) sin que a su vez detecten déficit cognoscitivo alguno”. Y es más, su relato “era coherente pero no continuo, aclarando que precisamente lo característico en un relato veraz es que no es lineal, no sigue algo aprendido”.