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Erika y Pedro Iván son una joven pareja avispada y con iniciativa, de esas que buscan salidas imaginativas para que la crisis no los arrastre a un estado de pesimismo y negatividad. Y ya se sabe que para eso, nada como regalarse un par de días, un fin de semana de despreocupación y relax en un hotel, con tus chiquillos incluso, sin privarse de nada.

¿Que no hay dinero para pagarlo? Don’t worry. Para todo hay solución. Llegamos, decimos que somos ahijados del presidente del Gobierno de Canarias, y ya verás cómo nos tratan del diez y no nos cobran ni las caipiriñas de la piscina. Que a éstos les decimos, así con la voz queda y cierto deje italoamericano, que Paulino es nostro padrino, y se acojonan.

Lo malo es que los del hotel, en San Bartolomé de Tirajana, no parecieron impresionados por ese dato (a lo que hemos llegado con la crisis, oiga); sospechando de su rotunda falsedad, y dado que no está la cosa como para regalarle ni un duro a tu abuela, acabaron destapando el timo y logrando la detención de estos dos tunantes, que casi se van con un pufo de 1.000 euros.

Me asombra que esto le haya salido mal a una pareja con decenas de antecedentes por estafa y suplantación de personalidad. La lección es que hasta en el mundo del latrocinio conviene reciclarse permanentemente.

Para mi reciclaje personal y vital, marcho de vacaciones de esta modesta columna durante mes y medio. Sean todo lo felices que puedan mientras.