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Paisaje tras el congreso > Salvador García Llanos

Superado el XII Congreso entre desconcierto e insatisfacción, al socialismo canario aún le quedan unas cuantas etapas de montaña para culminar su aspiración de reasumir un liderazgo político, muy menguado desde el punto de vista electoral.

Las convocatorias congresuales insulares del próximo otoño y la renovación de las agrupaciones locales antes de que termine el presente año, o durante los primeros meses del próximo, serán unas duras pruebas para contrastar si está en condiciones de recuperar espacios políticos -todos esos que se diluyen entre el desencanto generalizado y las expectativas que generan otras opciones no necesariamente configuradas como organizaciones partidarias- y respaldos electorales.

Duras pruebas porque el viento de la inquietud social no sopla a favor. Peor se puede poner porque estudios de opinión revelan que, a pesar de todas las medidas gubernamentales encabezadas por Rajoy, el desmantelamiento del Estado del bienestar y la peor comunicación que se recuerda pese a los aliados mediáticos, el supuesto desgaste no es aprovechado por el primer partido de la oposición. El pueblo español parece resignado: confiamos en la derecha, nos ha engañado masivamente, se contradice, gobierna en contra de la clase media, elimina derechos, abre brechas sociales sin ton ni son y sube impuestos. Pero es lo que hay y qué más da, qué harían los otros. Es la conclusión.

El caso es que el socialismo canario está ante el dilema de saber aprovechar el poder institucional del que dispone y fortalecer la organización para poder ofrecer una alternativa innovadora y creíble a la crisis que se vive en Canarias.
Ya hemos dicho que no es un problema exclusivo de del PSC, que el desapego de los ciudadanos hacia la política y, en concreto, hacia los partidos, debe hacer reflexionar a éstos, a sus bases y a sus aparatos directivos que no sólo están tardando demasiado en dar respuestas convincentes sino que se pierden en pugnas intestinas cada vez más personalizadas y radicalizadas, equilibrios de territorialidad y café para todos que semejan la cuadratura del círculo, debates nominalistas y adhesiones inquebrantables. Así es difícil devolver ilusión y producir renovación.

Es verdad que la gente quiere partidos serios, sólidos y cohesionados. Pero no es menos cierto que también quiere saber lo que ofrecen. Y así, una semana después del cónclave socialista de Adeje, poco o nada ha trascendido de lo aprobado y resuelto allí, de lo que quieren hacer los socialistas en asuntos tan dispares como la modificación del Estatuto de Autonomía, el modelo energético, las políticas sociales y la progresiva devaluación de lo público. Faltan elementos y las concreciones en el paisaje.

Está demorándose, sí, la nueva dirección en realizar un ejercicio didáctico intramuros y explicativo ante la ciudadanía que refleje cuáles son los objetivos y cuáles son los caminos. Cuando se pide preservar señas de identidad, desde la propia actuación en las instituciones, eso sólo es posible con una comunicación fundamentada, fluida y constante. Una comunicación que empieza por tener presencia, activa y física, en la sociedad. Es asignatura, desde luego, salvo en alguna isla, flaquea y sigue pendiente.