crÓnicas de verano>

¡Qué estación esta!> Olga Álvarez de Armas

Me preguntan varios lectores de mi anterior crónica que qué pasó cuando en la obra Ainadamar fusilan a Lorca. Pues pasó que a Federico (y al maestro Dióscoro Galindo y al banderillero Francisco Galadí) les disparan, caen al suelo….y se levantan; y les vuelven a disparar y así se repite esta matanza unas cinco o siete veces simbolizando la gran verdad: les mataron, sí, pero no han podido borrar su recuerdo. Casi ochenta años después Lorca está vivo y muy vivo en la conciencia popular; es leído en español y en todos los idiomas; recitado en todas partes empezando por los colegios y se representa en los teatros del mundo con enorme asiduidad. A los que lo mataron en cambio sólo se les nombra como sus asesinos, como los autores de la gran ignominia de asesinar a Federico García Lorca.

Pero el público del Teatro Real de Madrid es mayoritariamente conservador y ya protestaron porque esa obra, Ainadamar , estuviera en el abono de la temporada y además de serlo fuera la que la cerrara; y encima les mostrara el fusilamiento del poeta. Así, mientras algunos sentíamos en esos momentos de la función una enorme angustia, mucha gente quería levantarse e irse pero eso no se puede hacer antes de terminar y tuvieron que aguantar. Pero al final, aún estaban los actores en el primer saludo cuando medio teatro se había levantado y salían muy contrariados de allí. Daba talmente la sensación de que se daban por aludidos…Bueno, pues ellos sabrán porqué. Ay, qué país el nuestro ¡Cuán cara eres de haber, oh dulce España!, decía Cervantes.

Pues eso

Mientras escribo estoy recordando el día que se estrenó en Tenerife Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, en el Teatro Guimerá. Esta obra de García Lorca que dirigió nada menos que Jorge Lavelli con la compañía de Nuria Espert, se puso en pie aquí- así dicen en teatro-, después de que les robaran el vestuario carísimo que apareció tirado en el barranco de Santos por lo cual hubo de encargarse otro a toda prisa, y se estuvo representando a teatro lleno doce días. Un éxito arrollador. Para el estreno, vinieron la hermana de Federico, Isabel García Lorca, y su cuñada, Laura de los Ríos, hija de don Fernando de los Ríos, uno de los hombres más importantes de la II República y una figura histórica del socialismo.Estaban encantadas. Y por esas cosas que me pasan a mí de vez en cuando y que no voy a estar contando ahora,me tocó en suerte pasearlas por la isla. Las llevé a Las Cañadas donde llevo siempre a mis invitados porque sé que El Teide no me fallará nunca; y comimos en el Parador que sí falla muchas veces en la comida (y en el precio), pero como todos se quedan estupefactos contemplando el paisaje, pasa más desapercibido. Fueron unas horas maravillosas. Las dos habían dado sido profesoras del Instituto-Escuela y con una experiencia vital interesantísima.Y dolorosísima también. Recuerdo que este periódico publicó una foto de ambas con Nuria en primera página el día antes del estrenó de Doña Rosita…Y también recuerdo que el que la publicó en primera fue Andrés Chaves que era el el subdirector. Quede constancia.

Termostato estropeado

No recuerdo que cuando era pequeña tuviera frío ni calor nunca. Sí recuerdo el ambiente caluroso del verano pero no que yo tuviera calor. Eso indica que cuando somos niños el termostato del cuerpo está perfectamente equilibrado. Bueno, pues como de eso hace ya mucho tiempo tengo serias sospechas para pensar que ya ni siquiera tenga termostato. Detesto tanto el calor que para intentar calmar el profundo malestar que me produce me he pasado estos días, con una toalla mojada en la cabeza, pensando en el frío y en lo bien que me encuentro cuando estoy debajo de una manta.

En en el refinado y carísimo Hotel Wellington de Madrid en invierno les dan a los fumadores una manta para que se abriguen en la terraza mientras se fuman su habano. Cuando me contaron eso en Madrid como la gran cosa, yo respondí a quienes me lo decían que hacía más de diez años que en un bar muy chiquito y encantador que hay en la playa de El Porís que se llama Café al mar, ya nos trajeron a un amigo y a mí un día de invierno en que páramos allí, sendas mantas aparentemente recién salidas de la lavandería o al menos envueltas en plástico cerrado para que nos abrigáramos. No es por el tabaco, es porque es tan chiquito el local que no tiene interior. O sea que hay que estar siempre a la intemperie y con el viento de frente. Acertaron porque nada hay más agradable que ponerse una manta encima cuando hace frío. No lo he visto en ningún otro sitio y estaría bien que algunos fueran pensando en algo similar para el invierno que viene, si es que llegamos, porque todo aparenta venirse abajo sin que nadie de los que teóricamente se dedican a eso sepa solucionarlo. Porque quitar servicios y dinero a la gente no es gobernar: es ser contable. El contable mayor del Reino,pero contable. Gobernar un país es mucho más difícil. Y me tiene, nos tiene todo tan preocupados que este calor sólo sirve para alterarnos más el sistema nervioso y el malhumor que nos invade desde hace meses. Frío,una manta y gente inteligente gobernando por favor.

El desastre del incendio

Si me dicen que se puso en ello todo lo que teníamos, entonces es que tenemos muy poco. Casi nada. Lo cual en una isla con una gran sequía y mucho monte es sumamente peligroso. No dudo que no haya habido buena voluntad en los que han luchado contra el fuego, pero este incendio ha sido un desastre de grandísimas dimensiones se mire por donde se mire.