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Qué país> Jorge Bethencourt

No sé de dónde han venido. Trabajan como un equipo. Unido. Sin fisuras. Todo el mundo se sacrifica y con independencia de cuál sea su trabajo, siempre están dispuestos a dar un poco más. Son discretos a pesar de ser triunfadores. Son modestos en la victoria. Tienen un comportamiento ejemplar cuando hacen su trabajo. No lo parecen, pero son españoles, profesionales del fútbol y miembros de la selección que ayer llegó a España en loor de multitudes.

Más allá de sus victorias en la Eurocopa y el Mundial de Fútbol, la selección ha demostrado una serie de valores que, si uno mira el país, parecen profundamente antiespañoles. La capacidad para formar un equipo unido a pesar de ser catalanes, canarios, castellanos, andaluces o de cualquier otra comunidad cuyas banderas sacan sin complejos (y sin problemas) junto a la española. La modestia y la disciplina que les hace no creerse imprescindibles y quedarse en el banquillo cuando toca o salir y comerse el mundo cuando les llaman a trabajar. O la capacidad para superar los malos momentos y las críticas (que se han tenido) guardando la compostura, la unidad del grupo, la confianza en sí mismos.

Los profesionales del fútbol forman parte protagonista de un negocio multimillonario. Cobran sueldos astronómicos y su nivel de vida, fuera del ámbito deportivo, constituye una permanente tentación para la indolencia y el pasotismo. Pero los mejores son capaces de seguir entrenando al límite y tomándose su trabajo como una pasión.

Para elegir a los jugadores de la selección, el entrenador sólo tiene un criterio: seleccionar a los mejores. Da igual de qué territorio o equipo sean. Da igual si son altos o bajos. Da igual porque sólo jugarán los que estén en mejor forma y muestren las mejores cualidades. Sin cuotas, sin porcentajes ficticios, sin fórmulas correctoras, sin mentiras. Se llama sólo a los mejores y ninguno tiene la plaza garantizada.

Es realmente curioso que el equipo nacional de fútbol sea tan distinto, en su manera de crearse, en sus virtudes y cualidades, a todo lo demás que hoy es España. Nos ahogamos en la mediocridad vocinglera de quienes nada hacen mejor que destruir, criticar y desconfiar. Naufragamos en la envidia, el egoísmo y el sálvese quien pueda. Nos perdemos en peleas intestinas que deshacen el espíritu de equipo y destruyen la unidad para conseguir objetivos que son inalcanzables desde el esfuerzo disperso.

Ayer celebramos una vez más el triunfo de aquellos que nos representan representando todo lo contrario de lo que somos. Qué país más curioso. Qué país.

Twitter@JLBethencourt