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Recortes o impuestos> Jorge Bethencourt

Sser o no ser. He ahí el dilema. No hay muchas alternativas. O el Gobierno reduce los gastos o nos vuelve a subir los impuestos.

Entiendo que los empleados públicos quieran defender sus puestos de trabajo. Es lo normal. También lo querían conservar los más de cuatro millones seiscientos mil parados que están esperando la posibilidad de regresar al mercado laboral del que han sido expulsados. Con menos trabajadores, menos empresas y menos actividad, la recaudación por impuestos cae. Y con menos ingresos hay menos dinero para pagar los sueldos de la plantilla de las administraciones públicas.

¿Podemos pedir dinero? El recurso de conseguir fondos a base de préstamos nos está saliendo demasiado caro: casi 30.000 millones al año en intereses. Hemos pasado de 368.000 millones euros en el año 2002 a los casi 800.000 que debemos diez años después. Pedir prestado nos sale muy caro y ya quedan muy pocos fondos interesados en darnos dinero.

Los ingresos por IRPF e IVA no llegan para pagar los gastos del personal dependiente de las administraciones publicas. Ya estamos entre los cinco países con mayores cargas fiscales de Europa, pero aumenta el fraude fiscal y la economía sumergida. Podemos perdernos en digresiones de si tenemos más o menos funcionarios que los vecinos. No es el caso. El asunto es qué administración pública podemos pagar. La lluvia de impuestos de todo tipo que ha caído sobre la sociedad es un contrasentido. Los mismos que hablan de la necesidad de estimular la economía desde la inversión pública guardan un ofuscado silencio cuando se advierte que -sin crédito- para poder reactivar el atascado motor de la economía es necesario conseguir fondos. O lo que es lo mismo, recortar gastos. O lo que es lo mismo, reducir el peso de la administración.
No todas las cargas públicas son iguales. Servicios como Sanidad y Educación son especialmente sensibles a la reducción del gasto en empleo. Pero en los cientos de miles de cargos públicos, en los más de ocho mil ayuntamientos, en las miles de empresas públicas, en el terreno de una burocracia mastodóntica que se resiste a ser tocada, está el reto de la reforma.

Jeringuillas y pupitres son el paraguas en el que siempre se refugian los que quieren mantener otros empleos públicos sobre las costillas de más y más sacrificios fiscales de más y más familias. Más recortes o más impuestos. Recuérdenlo. Porque al final serán las dos cosas y ninguna servirá para nada.

Dos fuerzas iguales que operan en sentido contrario se llaman España.

Twitter@JLBethencourtv