entre nosotros>

¡Revuelta social!> Juan Henríquez

Imagino que después de tantas mentiras y de hacer todo lo contrario a lo que prometieron en la campaña electoral, habrá muchísima gente arrepentida de haber votado al PP. Muchos estarán maldiciendo aquel 20-N en el que dieron el voto a Rajoy. También es de sentido común reconocer que buena parte del apoyo que les permitió lograr la holgada mayoría absoluta es debido a que fueron estafados con falsas promesas electorales. Lo he dicho en varias ocasiones, y lo reitero ahora: el PP y Rajoy pueden estar legitimados por las urnas para gobernar, pero, desde el punto de vista moral y ético, no cuentan con el respaldo popular.

Pero las mentiras de Rajoy no sólo están relacionadas con las promesas incumplidas del programa electoral; sin ir más lejos, a día de hoy, sigue negando la mayor: la España intervenida. Y si no: ¿cómo debemos interpretar que las directrices que emanan de la Comisión Europea -con la Merkel de comisaria mayor-, el BCE y el Fondo Monetario Internacional se están cumpliendo a rajatabla? Y eso que en su día fue el propio Rajoy el que dijo no estar dispuesto a someterse a los dictámenes de los mercados y las pautas europeas. Y si prefieren vayamos a la mentira de Rajoy elevada a la máxima potencia, campaña incluida en contra de la subida del IVA de Zapatero: “Insolidaria, injusta, contraproducente y además ineficaz”. Y no se quedó ahí: espetó a la cara del entonces presidente: “¿Por qué se empecina en hacer daño a los españoles?” Esta misma pregunta deberíamos hacérsela hoy al señor Rajoy, pero en la calle, triplicando el ruido y la algarabía que ellos montaron en su día.

No puedo escribir todo lo que pasa por mi pensamiento sobre los recortes y ajustes que Rajoy viene aplicando para reducir, dice, el déficit público, que, por cierto, le impone Europa (Merkel). Sólo diré que maldita la hora que a muchos ciudadanos/as se les ocurrió creer a este tipo, un error que ahora estamos pagando todos, sin excepciones. ¡Y cuidado!, que nos hemos acojonados en la fase del sudor y lágrimas, y estamos en la que el vampiro nos chupa la sangre. Espero que en esta ocasión nos llenemos de valor, y con un par de cojones, resolvamos por nuestra cuenta la crisis. Táchenme de lo que quieran, pero no hay otra solución. Creo que ha llegado la hora de parar las patas a Rajoy, de impedir que siga, en nombre de la basta excusa del déficit, arrebatándonos nuestros derechos y conquistas.

Debemos preguntarnos, después de este último paquete de medidas antisistema, qué nos queda de aquellos derechos adquiridos, y no sólo por la clase trabajadora, sino por el consenso logrado por la ciudadanía española, sobre todo, qué haremos con las migajas que nos están dejando del Estado del bienestar social.

Pero es que además los diputados/as conservadores festejan y aplauden a rabiar los nocivos recortes y ajustes letales anunciados por Rajoy, sin inmutarse. No tenemos alternativa. Será la revuelta social la que provoque elecciones anticipadas, ¿para qué? Para exigir que se gobierne para los ciudadanos, no para los mercados y la banca. ¡A la calle!

juanguanche@telefonica.net