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Una repatriación sin explicar > Francisco Pomares

En una decisión inesperada y sorprendente, basada en motivos de seguridad que no se han revelado, pero que quizá algo tengan que ver con la decisión española de apoyar una inminente intervención militar contra los islamitas de Mali, el Gobierno de Rajoy decidió el pasado viernes la fulminante repatriación de los cooperantes españoles desplegados en Tinduf en misiones de solidaridad en los campamentos de refugiados saharauis.

La práctica totalidad de los cooperantes localizados llegaron la madrugada del sábado a Madrid en un vuelo militar, con la excepción de Pepe Oropesa, un joven periodista voluntario de la Asociación de Amigos de Presos y Desaparecidos saharauis, que -por su cuenta y riesgo, y tras firmar un documento que exime de cualquier responsabilidad sobre su futuro al Gobierno de España- ha podido quedarse en los campamentos, asumiendo afrontar los posibles riesgos que comporte su decisión.

Al margen de que haya información de la que no disponemos -algo comprensible cuando se trata de asuntos de seguridad o de política internacional-, la decisión del Gobierno parece más bien excesiva y muy poco oportuna: ningún otro gobierno europeo -incluso los que aprueben enviar tropas a Mali- ha repatriado a sus cooperantes estos días, y además el anuncio de la decisión y su puesta en práctica se ha producido muy atropelladamente en un momento crítico para los refugiados, en plena campaña de verano, cuando tradicionalmente arrecian las visitas solidarias de ciudadanos españoles a los campamentos, visitas que ahora se verán reducidas o incluso paralizadas por el factor miedo. La decisión resulta aún más inexplicable cuando se acaba de producir -hace apenas diez días- la liberación de los dos rehenes españoles capturados hace nueve meses en la zona, lo que ha supuesto un obvio relajamiento en la tensión vivida con los grupos simpatizantes de Al Qaeda que operan en el territorio.

Pero, además, si el Gobierno quería protagonizar su propio rescate heroico (antes del que está por venir sobre nuestras cuentas), debería haber previsto que este verano hay algo más de 5.000 niños saharauis pasando sus vacaciones en España.

¿Qué van a hacer con ellos ahora? ¿Va a devolverlos el Gobierno a una zona en situación tan delicada como para que haya sido necesario repatriar a los cooperantes? Tiene uno la impresión de que Asuntos Exteriores ha actuado con precipitación y por motivos que poco tienen que ver con la seguridad de los repatriados.