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Vecinos al borde del precipicio

La calle en cuestión acaba en un bordillo que no cumple ninguna de las medidas de seguridad. | SERGIO MÉNDEZ

SANTY TORRES | Santa Cruz de Tenerife

Podría considerarse ya como la calle del infierno o la vía del pánico. Los vecinos de la calle Cercado Grande, en Tejina, están hartos de tener que convivir en una zona donde el simple hecho de caminar resulta un peligro.

Isabel Hernández ha reunido el valor necesario para sacar a la luz las malas condiciones de la zona tras el accidente de su padre. Eduardo Hernández, de 80 años, paseaba por la calle el pasado 28 de junio, una tarea que realizaba a diario. Sin embargo, un pequeño mareo le hizo tambalearse y finalmente caer por el bordillo hacia la calle de abajo. Aun ingresado en el hospital, los más de dos metros de altura por los que cayó le han supuesto la fractura de tres costillas y serios problemas en la cadera. “En lo que yo me baso es que si hubiera habido ahí una barandilla o cualquier cosa, mi padre no se hubiera caído”, explica Isabel.

Razón no le falta, porque si una persona sufre un mareo, el traspié le hace resbalar al suelo. En cambio, la inexistencia de muros, vallas o cualquier otro elemento, hace que un simple tropiezo acabe en tragedia. Esta mujer ha cursado una demanda para llegar “hasta donde sea” para que esto “no vuelva a ocurrirle a nadie”.

La primera caída

Han pasado ya tres años desde el primer accidente, y desde entonces la vía sigue exactamente igual. El primero lo sufrió el sobrino de María Dolores, también llamado Eduardo. El chico, de sólo ocho años por aquel entonces, iba en bicicleta y, la misma historia, un tropiezo acabó en el hospital con una operación de la mano por una fractura. Su tía recuerda con gran dolor ese momento y exige que “hagan algo”. “He visto calles con menos problemas y las han arreglado, pero esto es necesario hacerlo porque estamos hablando de la vida”. María Dolores cuenta con gran indignación que este espacio “reúne todas las condiciones para un accidente”. Según ella, el problema está en tres grandes factores: la altura, la existencia de una valla vieja y oxidada que también puede dañar gravemente la piel si alguien se cae en ella y un agujero en el terreno que hace más profunda la caída.

Sin respuesta

Los vecinos de la zona apoyan a Isabel en su lucha y, dado que el Ayuntamiento de La Laguna no ha respondido tras ambos accidentes, piensan unirse y pedir firmas para lograr lo que creen que es legítimo, un mínimo de seguridad en la calle. Mientras tanto, Eduardo Hernández sigue ingresado, a lo que se le debe añadir en el futuro la rehabilitación que tendrá que llevar a cabo. Isabel cuenta con dolor que no sabe siquiera si su padre va a volver a caminar. “No tengo ni idea de qué vamos a hacer ahora. Él vive en un segundo piso, en una casa que no está preparada para este tipo de cosas”, apostilla.

Cualquier mal movimiento puede acabar en una terrible caída. | S. MÉNDEZ

Al menos, este hombre ha tenido la suerte de ser oído a tiempo para llamar a la ambulancia. De no ser así, la desgracia hubiera acabado aun peor. Queda esperar a que el organismo al que competa el arreglo dé el paso para evitar que esta calle siga siendo el escenario de más caídas fatales. Esperemos que no se cumpla el dicho y que a la tercera sea la vencida. Quizás el segundo accidente sea suficiente para ayudar a estos vecinos… al borde del precipicio.

[apunte]Una mala obra

Algunos habitantes de la zona, culpan al Ayuntamiento de estos problemas de seguridad. Los que llevan ahí más de diez años explican que, en su momento, se subió el nivel de la calle para ampliar el espacio del lugar. La valla que separaba un lado del terreno del otro quedó como un mero adorno, cubriendo la nueva pared de bloques creada para la reciente vía. La solución estaría en elevar esta antigua valla, o crear algún tipo de barandilla en ese lado de la carretera para evitar que estos desafortunados accidentes se vuelvan a producir. [/apunte]