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Vilaflor: prevenir antes que curar

Un grupo de vecinos observa el avance de las llamas desde los viñedos de Trevejos. / DA

VICENTE PÉREZ | Vilaflor

El susto que han pasado los 900 vecinos del casco de Vilaflor no se olvidará nunca. Pese a estar acostumbrados a convivir con la amenaza del fuego, la primera evacuación de su historia la vivieron del 17 al 19 de julio pasados. El esfuerzo del personal contraincendios y la dirección del viento obraron el milagro humano: el pueblo y el bosque que lo circunda quedaron intactos. No faltan creyentes, además, en que el Hermano Pedro, el santo chasnero, también puso su mano en este feliz desenlace, sin olvidar a la Virgen de la Luz, que fue sacada en procesión en Guía de Isora para rogarle que aplacara el incendio, cuando los feligreses vieron que ardían las cumbres del municipio durante varios días sin que llegaran ni hidroaviones ni helicópteros, concentrados los que habían en salvar Vilaflor.

Pero a Dios rogando y con el mazo dando, dice el refrán. Y los moradores de Vilaflor tienen claro que este incendio evidenció algunos errores que corregir para que, si hay próxima vez, se puedan controlar antes las llamas. Las principales demandas son que haya cortafuegos limpios (ahora no los había), agua en la balsa del Cabildo en Trevejos (prácticamente vacía) para que los medios aéreos puedan surtirse, hidroaviones con base en Canarias y que los técnicos de las brigadas forestales escuchen a los chasneros que mejor conocen los barrancos del lugar.

“Soy cazador y puedo afirmar que nunca ha habido cortafuegos en la montaña de Los Lirios”, señala Raúl Antonio, vecino del pueblo, quien relata cómo en los años 90 participó en la realización de “un cortafuegos a un kilómetro de la fábrica de aguas de El Pinalito hasta la cumbre y ya no existe”. “Nos llegaron a dar un diploma de Protección Civil por eso”, evoca este chasnero que lanza una idea: utilizar las cinco puertas de galerías de agua que rodean el pueblo para montar un sistema de mangueras que lance agua en aspersión en el perímetro forestal del pueblo.

A otro cazador chasnero, Domingo Fumero, de 72 años, le parece indignante que el pinar acumule pinocha y piñones, y que tampoco dejen aprovechar su materia sin autorización, y con limitaciones. “Antes no había incendios como los de ahora. El monte estaba limpio, y, cuando los había, los apagábamos los vecinos con azadas, pero ahora no nos dejan participar”, sentencia este jubilado, mientras apura un vaso de vino cumbrero. “El pinocho y las piñas son pólvora en estos casos”, lamenta otro lugareño.

Gabriel y Ana María regentan un hotel y un restaurante en el centro de Vilaflor desde hace 43 años y, para ambos, se debería fomentar que la gente aprovechara los recursos forestales para evitar que hubiera tanto combustible en verano. “Este año además, apenas ha llovido; el monte es una bomba”, advierte Gabriel, gran conocedor de los barrancos de la zona: “De niño iba a buscar huevos, gallinas y palomas a Guayero, La Escalona, Ifonche”.

El pueblo está agradecido a tanta gente que se dejó la piel para frenar las llamas: Brifor, bomberos, Ejército, Cruz Roja, Protección Civil, Guardia Civil, Policía Nacional, Canaria y Local, ayuntamientos… “Pero, en esto, como en todo en la vida, más vale prevenir que curar”, sentencia un chasnero mientras observa el flanco de la montaña de Los Lirios herido por el fuego.

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Embalse sin agua

Indignación hay aún entre los vecinos de Vilaflor por el hecho de que el embalse del Cabildo en Trevejos tuviera tan poca agua que los helicópteros no lo pudieron utilizar, lo que obligó a los pilotos a buscar estanques pequeños, con maniobras más complicadas para estas aeronaves y utilizando el agua, escasa este año, de los agricultores. “Tenía que haber agua en la balsa, pero la vendieron, y no a los agricultores de la zona, sabiendo la sequía que padecemos y el riesgo de incendios”, se queja Juan Antonio, trabajador de una ferretería.

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