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A los que han peleado contra el fuego, un millón de gracias > Aurelio Abreu Expósito

Estamos viviendo un verano verdaderamente espantoso en Canarias por culpa del fuego. Tenerife, La Palma y La Gomera han ardido de una forma que no cabía imaginar ni en las expectativas más pesimistas. Los meses de julio y agosto de 2012 nos dejan en la memoria un balance tristísimo, sólo aliviado por la salvaguarda de vidas humanas, algo que, desgraciadamente, no ha sido así en otros puntos de España que también han sido azotados por el fuego. En el hecho de que no haya que lamentar pérdidas personales tienen toda la responsabilidad los técnicos y operarios que trabajan en la extinción de incendios. Todos ellos trabajan con diligencia y agilidad, y a todos corresponde expresarles el mayor de nuestros agradecimientos: técnicos del Área de Medio Ambiente, personal de Protección Civil, miembros de las policías locales y de la Guardia Civil, miembros de la Unidad Militar de Emergencias… Bien a pie de fuego, bien desde los puestos de mando avanzado, bien desde las sedes del Cecoes o del Cecopin, estos trabajadores públicos han dado lo mejor de sí, sin tregua ni descanso, para controlar y extinguir los incendios.

Además, lo han hecho soportando unas condiciones de presión extraordinarias. Tanto en el incendio que afectó a Adeje, Guía de Isora y Vilaflor, como el que asoló El Tanque, Los Silos, Buenavista y Santiago del Teide, las condiciones meteorológicas se aliaron a favor del fuego, con temperaturas elevadas, baja humedad y viento fuerte. Así que, para empezar, no se podía contar con que el tiempo echara una mano. A eso se suma el lógico estado de nerviosismo y pánico de los ciudadanos, que en algunos casos los empujó a actitudes poco colaborativas para con los trabajadores que luchaban, con riesgo de sus vidas, contra el fuego.

Se puede comprender la desesperación de un vecino que no sabe si su casa, su finca o sus animales han quedado calcinados o han escapado de las llamas, pero también tienen que saber los ciudadanos que los operativos de seguridad no son caprichosos ni perjudiciales, y que sólo buscan garantizar la integridad de las personas y de sus mismas propiedades. Así, por ejemplo, muchas viviendas diseminadas por el monte albergan bombonas y depósitos que pueden explotar si el fuego llega a ellas. Cuando se da una situación así, los responsables políticos debemos tomar decisiones, pero nuestro criterio ha de ser concordante con el que expresan los técnicos. Debemos escucharles y obrar en consecuencia con lo que nos exponen. Se podrán reclamar más medios materiales y establecer nuevas medidas de coordinación para que la respuesta sea más rápida y más eficaz, pero no se podrá dudar nunca de que contamos con los mejores medios humanos. Profesionales comprometidos con su trabajo y con su tierra, que han vivido jornadas interminables y agotadoras bajo una extraordinaria tensión. También me gustaría dedicar unas líneas de reconocimiento a los ciudadanos que han facilitado su trabajo, y a los que demostraron un enorme sentido de la solidaridad acogiendo a los desalojados de los municipios afectados, en colaboración con entidades y asociaciones. En los contextos más trágicos a menudo se puede ver lo mejor de los seres humanos, y sin duda en esta ocasión lo hemos comprobado. Ahora hay que dejar atrás el tiempo de las lamentaciones. Toca hacer balance del siniestro, estudiar qué soluciones pueden aplicarse, ver de qué forma puede mejorarse la coordinación de cara al futuro, y sobre todo, mirar con orgullo y gratitud a quienes han dedicado toda su entrega y todo su tiempo en luchar contra el fuego, porque a esos les debemos que la tragedia no haya sido peor, que no estemos llorando a nadie.

*Vicepresidente y consejero de Bienestar, Sanidad y Dependencia del Cabildo Insular de Tenerife. Senador.