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Antón Pérez > Luis Ortega

En la exigente e insuperada monografía de Fernández García sobre el Real Santuario se trató, por segunda vez (la primera referencia escrita se la debemos al incansable Juan Bautista Lorenzo) de Antón Pérez, acaso el primer mayordomo de la ermita que, en honor de Nuestra Señora de las Nieves, se erigió en un lugar de gran potencia geológica y singular belleza paisajística. En 1511 -año de donde arranca la documentación escrita por la pérdida de varias páginas del original Libro de fábrica-ya existía una pequeña construcción que, más tarde, cambió de eje y, a lo largo de cinco siglos y con la constante generosidad de fieles, ricos y pobres, experimentó ampliaciones, reformas y mejoras que lo distinguieron por estilo, ajuar y unción en uno de los centros marianos más atractivos del país. Aquí, y en otros medios y soportes, hemos hablado de las circunstancias e incidencias de la fábrica, de las donaciones que hicieron posible esa espléndida iglesia que los palmeros de dentro y de fuera sienten como propia y defienda como una radiante señal de identidad. En 1532, el modesto y misterioso Antón Pérez dejó en su testamento una considerable extensión de terrenos cultivado de vid. No dudamos que esta herencia fue la más importante que recibió la venerada imagen y que, por transmisiones cuya documentación no consta en las escribanías del siglo XVI, redujeron la amplia propiedad a los inmuebles del sector; es decir, el templo, la casa rectoral y el centro de ejercicios, con los caminos intermedios, el morro y la plaza. Con algunos historiadores sensatos hablamos de esa pérdida patrimonial que, en alguna medida, ya en nuestros días, reparó la adquisición por parte del Cabildo de la finca colindante, donde se habilitarán espacios necesarios para el uso del lugar que representa, sin excepción alguna, a toda la isla cuyos catorce ayuntamientos -con ayuntamientos formados por fuerzas de todo el espectro político- la han declarado alcaldesa honoraria y perpetua y el Cabildo Insular la ha titulado Regidora Mayor y concedido la Medalla de Oro de la Isla a su Real Santuario. Por razones conocidas, este 5 de agosto tiene un signo especial porque constituye la despedida del sacerdote que, durante más tiempo (cuarenta y dos años ha permanecido nuestro amigo Pedro Manuel Francisco de las Casas) ha estado al servicio de la Virgen y de su historia que tuvo su primer personaje en el desprendido Antón Pérez, cuya identidad nunca ha dejado de intrigarme.