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Casimiro Curbelo > Luis Ortega

Tardaremos muchos años en recuperar las estampas del tiempo perdido, la belleza sepultada por el carbón y la ceniza, la inmemorial maravilla guardada en el fanal del aire, que ganó todos los títulos que puede alcanzar un paisaje. Y, acaso, será sólo un recuerdo el testimonio heroico de docenas de generaciones, empeñados en cultivar la tierra dura y quebrada, que orilla barrancos colosales, montañas, degolladas y roques. El incendio que asola La Gomera, la amenaza de cualquier reactivación y el miedo, que cobró forma y aliento en los miles de evacuados, rebasa las fronteras tópicas de la geografía -la isla, la comunidad autónoma, el estado-y se define como una tragedia para el planeta. Frente a las informaciones de los medios, las opiniones confiadas al albur de la mejoría climática, el inventario de maquinaria y personal, sin duda insuficiente, y al esfuerzo encomiable de cuantos trabajan en su extinción, frente a las ruedas de prensa del titular de seguridad autonómico, González Ortiz, titubeante, sin convicción ni ganas de cubrir esa función, nos quedamos con la enérgica posición de Casimiro Curbelo que exigió, primero a nivel regional y, luego, al gobierno central, más medios aéreos para atacar las llamas incontroladas en un paisaje tan difícil como hermoso. Ya en los incendios anteriores, Paulino Rivero demandó la presencia fija y, de modo obligatorio en verano, de hidroaviones en Canarias. Se entiende ahora la oportunidad de sus demandas y, más aún, la desesperada indignación del presidente del Cabildo gomero. ¿Dónde está el ministro responsable de Medio Ambiente? ¿Existe otra catástrofe en el territorio estatal que alcance esta gravedad? ¿Está en franco peligro otro paraje que reúna los valores del Garajonay? ¿Algún otro colectivo vive semejante calamidad y emergencia? De cabo a rabo, suscribo las justas y airadas peticiones de Curbelo y la sensata repetición de los argumentos del presidente Rivero, formulada al comienzo de una semana aciaga. Tal y como pinta el suceso, esperemos que con mejores resultados. Ensimismado en los recortes y en el tamaño del sector público, con ruidosos líderes -ahí está Esperanza Aguirre – obstinados en replantear la constitucional España de las autonomías, el gobierno mira para otro lado; con su indiferencia parece -el movimiento se demuestra andando- que el logro irreversible del autogobierno, reclamado con vehemencia en la transición, no gusta, o conviene, a los actuales inquilinos de La Moncloa. Mientras, La Gomera arde.