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El fuego, una compleja y ardua batalla

El jefe de la Unidad de Prevención y Extinción del Cabildo de Tenerife, Florencio López, asegura que el 95% de los incendios forestales se controlan y extinguen en su fase inicial
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El jefe de la Unidad de Prevención y Extinción del Cabildo de Tenerife, Florencio López, asegura que el 95% de los incendios forestales se controlan y extinguen en su fase inicial

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Tras padecer siete incendios forestales en apenas un mes, Canarias se está situando este verano a la cabeza nacional de este tipo de sucesos. Ello, entre otras cosas, ha puesto de manifiesto la necesidad que tienen las Islas de contar con una base permanente de hidroaviones, uno de los principales soportes con los que cuentan los operativos de extinción. Éstos, no obstante, han demostrado una gran capacidad y una notable coordinación, lo que ha permitido combatir fuegos que, por momentos, hicieron peligrar buena parte del patrimonio natural de las Islas. En el caso de Tenerife, resulta esencial la intervención del Operativo de Prevención y Extinción de Incendios del Cabildo (Brifor). Su responsable, Florencio López, explica al DIARIO cómo se articulan estas complejas y arduas actuaciones.

El inicio del operativo se produce cuando un miembro de una torreta de vigilancia da la alarma, o bien a través de una llamada al 1-1-2. La mitad de los incendios, sobre todo en medianías y zonas bajas, son detectados por la población; en cambio, los que se producen en las partes altas suelen ser descubiertos por los vigilantes forestales. “A partir de ahí, ponemos en marcha un protocolo de actuación, ya que no es lo mismo que un particular vea humo a que lo vea una torre”, denota Florencio López. Una vez se tiene la certeza de que hay fuego, se ponen en marcha los medios de extinción. En primer lugar, señala el jefe del operativo Brifor, actúan los llamados medios de primer ataque, un equipo disuasorio compuesto por dos o tres personas con una autobomba ligera. “Suele ser muy eficaz en la extinción de un incendio agrícola, que tiene una carga de combustible menor”.

En cambio, cuando un incendio así se produce en el monte, se ponen en aviso medios más pesados, equipos de cuatro personas con vehículos, que pueden llevar hasta 1.000 litros de agua. “Ese grupo realiza una primera valoración del fuego, que junto a las previsiones meteorológicas y el índice de peligro nos ayudan a delimitar la gravedad del mismo”.

Aunque en el caso del reciente incendio de Vilaflor y Guía de Isora fueron muy criticados, los tiempos de respuesta del operativo de extinción fueron “mínimos”, asegura Florencio López. “Cuando estamos en la zona de riesgo, suelen ser de apenas cinco o diez minutos. Y si los medios están más alejados, y en función de la zona y la hora del día, tardamos un máximo de 30 minutos”.

Una vez se establece la gravedad del suceso, se reclaman más medios. Los siguientes en actuar, además de las autobombas y equipos de a pie, son las brigadas helitransportadas, cuando son zonas de difícil acceso o si el incendio conlleva peligro para las personas. “En esa fase se apagan más del 95% de los incendios”, incide el técnico del Cabildo. “Si esos medios no son suficientes, porque el fuego progresa más rápido, pasamos a lo que denominamos ataque ampliado, que requiere una movilización mayor y una organización más compleja”. “Por último, si ese ataque no logra apagar el fuego, nos enfrentamos a lo que llamamos gran incendio”. Los niveles numéricos de los incendios se refieren a la organización formal de la extinción, en función de los daños que pueden provocar y de la necesidad de medios que conllevan. De este modo, el nivel 0 sería aquel que no afecta a la población, sólo a naturaleza forestal. Por contra, los de niveles 1, 2 y 3 sí afectarían a bienes y personas, por lo que se habla de fuegos de ‘protección civil’. “El nivel 1 no tiene demasiada gravedad; en el 2 hablamos de un fuego que sobrepasa la capacidad del Cabildo, por lo que se requiere que la dirección de la extinción la asuma el Gobierno de Canarias; y el 3 es cuando el incendio compromete el interés nacional, por lo que es el Estado el que asume la las acciones”, relata el jefe del operativo Brifor, quien describe que “también están los niveles denominados 0A, que sería un conato, y 0B, que es un incendio de cierta magnitud que no afecta a personas.

Una vez definido el nivel del incendio, lo que se busca es el control del mismo. “En primer lugar, se intenta parar el avance de los frentes”. Así, un incendio está controlado cuando los frentes se han detenido en una línea de control y no van a avanzar más”. “Estas líneas de control se establecen según las condiciones que hay en un momento determinado, pero si cambian esas líneas pueden no ser seguras”, asevera Florencio López, que explica que dichas líneas vienen marcadas por el perímetro que envuelve al incendio”. “Puede haber zonas interiores por quemar, pero la extensión global del incendio se queda ahí”, concluye.

[apunte]Los 13 modelos de ‘combustible’

Las variables que afectan al comportamiento del fuego son muy distintas, por eso los incendios son diferentes unos de otros. En general, los trabajos de extinción se apoyan en los llamados ‘modelos universales de combustible’, que son trece. Por ejemplo, “el modelo 1 sería un incendio de pastizal, sin carga de materia gruesa”, asegura Florencio López, que explica que “hay unos simuladores que tienen en cuenta esos modelos, las condiciones del viento, la humedad, la pendiente, etc, lo que nos da la velocidad e intensidad de las llamas”. “El modelo 7, en cambio, es de matorral y bajo pinar, muy peligroso. El 9, que es de pinocha, es más cómodo para trabajar”, subraya el jefe del operativo Brifor, que indica como uno de los más peligrosos el fuego de modelo 4, de fayal-brezal adulto, “que son matorrales de más de dos metros, con mucha carga de material seco, como el que está azotando la zona de Garajonay, en La Gomera. “En La Palma, el modelo fue el 9, de pinocha y bajo pinar. Fue un fuego rápido, pero no coronó copa, y una vez que aflojó el viento fue más fácil de combatir”, arguye Florencio López que, no obstante, deja claro que “estos modelos nos dan las pautas para trabajar, pero pueden ir variando según las condiciones”. “También es básica la prevención, sobre todo ante episodios de calor o altas temperaturas como el de ahora; pero cuando la naturaleza se desboca, nuestra capacidad de actuación es muy limitada”.[/apunte]

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Algunas claves

Detección. Se produce a partir del aviso de un vigilante ubicado en una torreta forestal o de una llamada al 1-1-2.

Primer ataque. Actúa un equipo disuasorio compuesto por dos o tres personas con una autobomba ligera. Suele ser muy eficaz en la extinción de incendios agrícolas.

Ataque ampliado. Además de las autobombas y las brigadas a pie, actúan medios helitransportados, ante zonas de difícil acceso o si el incendio conlleva peligro para las personas.

Gran incendio. Requiere una movilización de medios mayor y una organización más compleja. En estos casos actúa de apoyo la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Niveles. El nivel 0 es aquel fuego que no afecta a la población, sólo a naturaleza forestal. El nivel 1 sí afecta, aunque no tiene demasiada gravedad; el nivel 2 sería aquel que sobrepasa la capacidad del Cabildo, por lo que se requiere que la dirección de la extinción la asuma el Gobierno regional; y el nivel 3 es cuando el fuego compromete el interés nacional, por lo que es el Estado el que asume las actuaciones. También están los niveles 0A, que es un conato, y 0B, un incendio de mayor magnitud que no afecta a personas.

Terminología. Una vez definido el nivel, el primer objetivo es parar el avance de los frentes. Así, un incendio está controlado cuando los frentes se han detenido en una línea de control y no van a avanzar más. Estas líneas vienen marcadas por el perímetro que envuelve al fuego; suelen ser carreteras, pistas, zonas sin combustible, cortafuegos, etc. Una vez perimetrado y controlado, sólo falta que quede completamente extinguido, algo que se puede demorar mucho en el tiempo, incluso meses.

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