El Greco > Jaime Rodríguez-Arana

En el artículo de hoy me voy a referir, no al afamado pintor heleno que dejó su imborrable huella en los magníficos lienzos que adornan, por ejemplo, la catedral de Toledo, sino al grupo de Estados contra la corrupción del Consejo de Europa. En efecto, GRECO también significa lo escrito anteriormente y sus informes, tan temidos como preteridos, son bien relevantes en un momento de profunda crisis, también política. La crisis en la que llevamos instalados varios años, y que parece que nos acompañará por lo menos otros tantos, no es sólo económica y financiera. Es una crisis general que tiene dos causas bien conocidas: la búsqueda del lucro a cualquier precio y la obsesión por la captura del voto. Cuando las empresas sólo tienen como objetivo maximizar el beneficio a toda velocidad, la deshumanización está a la vuelta de la esquina y los esquemas de explotación hacen acto de presencia con insospechada intensidad. Y cuando el voto es el único objetivo de las cúpulas de los partidos, entonces el clientelismo y el uso subjetivo y arbitrario del poder se convierten en la regla general.

Pues bien, el GRECO lleva tiempo insistiendo en la necesidad de que la financiación de los partidos políticos sea transparente, pudiéndose conocer, sin especiales problemas, los donantes, sean personas físicas o jurídicas. Algo que en España es todavía una quimera pero que en otras latitudes es algo bien normal. Si los partidos de verdad son instituciones de interés general, debería dar a conocer no sólo las fuentes privadas de financiación, sino también los procedimientos de selección de su personal, los contratos que realizan, así como sus principales actividades y sus costos.

Ahora que entrará pronto una ley de transparencia en el poder legislativo es un buen momento para que la financiación de los partidos se aborde con responsabilidad. No puede ser que la opacidad y la oscuridad reinen en esta materia. Por una poderosa razón: porque los partidos no son de sus cúpulas ni de sus dirigentes, son de los militantes y simpatizantes. Son canales para la transmisión y comunicación de las principales ideas políticas presentes en la vida social y tienen unos estándares de responsabilidad y ejemplaridad superior a la de otras instituciones públicas. Los responsables de los partidos, si de verdad están empeñados en mudar la imagen que mes a mes las principales encuestas se empeñan en registrar, deben iniciar ya, sin demoras, la necesaria regeneración de la vida política. Si los ciudadanos no perciben un sustancial cambio en la forma de hacer política es probable que sigan, con más intensidad, suspendiendo a los políticos y a la actividad política como la última encuesta del CIS vuelve a constatar.

Cada vez que se pregunta a un ciudadano acerca del número de personas que viven del presupuesto público, de los fondos que son de todos nos encontramos la misma respuesta, sobre todo en este momento de crisis. Por eso, con la que está cayendo, y con la que nos espera, va llegando el momento de que la opinión de los ciudadanos, y la realidad, se tengan en cuenta. No se trata de entronizar a los tecnócratas. Se trata simplemente de que los asuntos del interés general estén bien atendidos y los ciudadanos podamos desarrollar nuestra libertad solidariamente sin tener que estar preocupados por cubrir las vías de agua que la irresponsabilidad y la irracionalidad pública y privada han generado estos años.

*Catedrático de Derecho Administrativo jra@udc.es