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Es el modelo, estúpidos> Francisco Muro de Iscar

Se puede inventar el futuro, pero bastaría con que eligieran uno, nos lo contaran y lo aplicaran. A lo mejor lo tienen, pero los ciudadanos no nos hemos enterado todavía. El del programa electoral no es, desde luego, pero el aplicado hasta ahora parece más fruto de la improvisación permanente, incluso del desconcierto diario, que de un objetivo nos lleve alguna parte. Y sin modelo, sin “plan de negocio”, sin “hoja de ruta” no hay nada que hacer. No hablo solo del Gobierno porque la oposición -desaparecida también antes de las vacaciones, todavía veraneando y con pinta de suspender en septiembre- tampoco tiene ni la más remota idea de qué hacer con este país. Excepción hecha, eso sí, de los nacionalistas e independentistas vascos -que lo tienen muy claro- y de los catalanes -que lo tienen menos, pero que van a tensar la cuerda-. ¿Qué país queremos tener dentro de tres años o de cinco o de diez? ¿El que hagamos entre todos -al estilo de lo que fueron los Pactos de La Moncloa- o el que nos impongan los mercados? Para cambiar la presión de los mercados hay que poner el país a trabajar con un modelo claro y, a ser posible, pactado con los agentes políticos y sociales. Un modelo productivo porque este no es, no puede ser solo, un país de servicios y no hay un modelo industrial ni mucho menos un modelo energético, con el espectáculo de dos ministros peleados y sin que nadie ponga orden.

Y un modelo de Estado, que incluya la racionalización de la máquina estatal y autonómica -ojo, racionalizar no significa eliminar sino hacer eficiente lo que no funciona, lo que está duplicado, lo que es superfluo o lo que es nocivo- y que afronte el problema con el que nos vamos a enfrentar en octubre: las elecciones en el País Vasco y la cuestión catalana. ¿Qué piensa hacer el Gobierno si Bildu y el PNV, con su previsible mayoría absoluta y el hundimiento del PSOE, plantean la secesión del Estado? ¿Qué hará con las víctimas si sucede esto y su seguridad corre grave peligro? ¿Y qué hará el Gobierno de España si, subidos a esa corriente, Cataluña hace lo propio? ¿Para cuándo el pacto al menos con el PSOE? Además, está el modelo financiero, con una reforma que no acaba de completarse, el modelo sociolaboral que recorta derechos, no crea empleo ni resuelve los problemas sociales sino todo lo contrario. Y, sobre todo, el modelo educativo sin cuya reforma a fondo este país no tendrá nunca futuro. Y algo más, tan importante por lo menos que lo anterior: una reforma moral, un modelo ético, con normas y castigos para los corruptos, que devuelva la confianza de los ciudadanos en la clase política, que impida la larga mano de tantos y que permita exigir a todos un comportamiento honesto y honrado. Claro que el problema “es la economía, estúpidos”, pero también el modelo de país, el que no tenemos, el que no tienen.