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Fuegos y juegos, pero de villanos > Álvaro Díaz

Confundir la bandera norcoreana por la surcoreana, permitir que una desconocida mujer de rojo desfile con la delegación india, perder la llaves del estadio de Wembley o utilizar soldados para ocupar los huecos en las vacías gradas de algunas competiciones fueron algunas de las anécdotas de los ya históricos Juegos Olímpicos de Londres 2012. Independientemente de los récords y de las emociones vividas, las olimpiadas siempre ofrecen historias que va más allá de la competición, como la del remero de Níger Hammadou Djibo Issaka, quien aprendió a dar paladas hace tres meses y llegó a 1:39 minutos del ganador, el lituano Mindaugas Griskonis, algo parecido a lo que le sucedió en Sydney 2000 al nadador guineano Eric Moussambani, quien también recibió una invitación del Comité Olímpico Internacional para tomar parte en los Juegos y, en su caso, completar los 100 libre en 1.52 minutos, casi el doble que el más rápido en aquella prueba. En la vida, como en el deporte, también hay ‘fenómenos extraños’. Nuestra tierra y nuestros montes se queman por fuegos incontrolados de los que alguien olímpicamente tiene que responder.