Nombre y apellido >

Juan Henríquez > Luis Ortega

Tengo amigos, de ideologías y sensibilidades diferentes, con los que coincidir y disentir -en la calle, en el aire o en los papeles- es un auténtico placer, una de las escasas satisfacciones que este oficio nos procura con el paso de los años. Porque se trata de gente sincera, sin obediencias espurias y dueños de sus criterios, personas que opinan por cuenta propia. Ahí está Juan Henríquez, que no falla a la amistad ni a la cita con los lectores -con valentía, claridad y compromiso- y que me reprocha, con razón, lo que entiende como una sacralización de la ira de los presidentes del gobierno y del cabildo gomero, a propósito de una tragedia que día a día enseña su gravedad. Comparto con mi vecino de columna y compadre las denunciadas responsabilidades del estado de los montes, que competen a estos cargos y a muchos más. Pero no podemos olvidar que los parques nacionales, tal y como su nombre indica, dependen del ejecutivo central, sordo y mudo en los primeros momentos. El desarrollo del autogobierno -al que tan renuentes han sido las administraciones centrales- permitiría una política forestal propia y, a lo mejor, unas actuaciones concretas y adecuadas a las especialísimas circunstancias de Canarias. La España de las Autonomías, el café para todos de Clavero Arévalo, no ha conjurado la pulsión centralista de los inquilinos de La Moncloa y “los hechos diferenciales” -tal y como me confesó un presidente en un off de record amistoso- “son como las verrugas que sólo las ve quien las tiene”. Las transferencias pendientes, los temas constitucionales, aún por desarrollar, evitarían aplicar esa peligrosa uniformidad en el Finisterre y en el costado africano donde se encuentra Canarias. Insistimos en que el incendio de La Gomera, desde que puso en peligro esa reliquia del Jurásico, no era un problema insular o autonómico, sino del estado y de Europa. A lo peor, amigo, no me expliqué bien pero, al margen de los límites que tienen las administraciones para actuar en lugares con tan alta calificación, al margen de la situación peligrosísima de nuestros montes, resulta lógico y obligado que los representantes canarios se cabreen y bramen ante un gobierno diligente en los recortes y las prospecciones petrolíferas y premioso durante una calamidad que destrozó una Reserva de la Biosfera, un Parque Nacional y un Patrimonio de la Humanidad. Eso era lo que quería decir y repito. Por lo demás, mi pleno acuerdo con tus aseveraciones.