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La Fundación Muñoz y la Academia Lavers: 30 años de historia> Oswaldo Izquierdo Dorta

Este año se cumplen los dos siglos de la creación de los municipios españoles al amparo de uno de los acontecimientos más gratificantes de la memoria colectiva, la Constitución de 1812. Doscientos años jalonados de luces y de sombras. Por ser la cultura el foco persistente que luchará, una vez más, contra las tinieblas de la ignorancia a lo largo de esos dos siglos, me propongo limitar esta exposición a la vertiente educativa, con unos trazos muy generales y una breve parada entre los años 1940 y 1970, cuando acabábamos de salir de la más antinatural de las guerras y sólo existía un instituto de bachillerato para atender a los estudiantes de toda la Isla.

Hasta el primer tercio del siglo XIX la enseñanza, desde las primeras letras hasta la Universidad, corría a cargo de la Iglesia que era la única institución que disponía de fondos para atender esa demanda. Aparte de la labor más o menos intensa de los párrocos, hay que reseñar la importancia de los conventos, focos de cultura y de difusión de esta.
Desde finales del XVIII se consideraba que las enseñanzas parroquiales y conventuales no eran suficientes para atender las demandas de escolarización, cada día mayores, debido al progresivo aumento demográfico y al interés, cada vez más visible, de los padres.

A partir de 1835, con la Ley de Mendizábal y los sucesivos decretos desamortizadores de los bienes del clero, la enseñanza se reorganiza: la Primaria se atribuye a los Ayuntamientos; la Secundaria, a las Diputaciones Provinciales; y la Universitaria, al Estado.

Los Ayuntamientos estaban obligados a crear una escuela cuando una entidad de población superaba los 500 habitantes, compromiso que les ocasionaba serios problemas económicos, ya que tanto estos como las diputaciones carecían de fondos para atender los niveles de enseñanza que les correspondía.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, se da un paso adelante para asegurar y mejorar la economía de los docentes, cuando el Estado se hace cargo de toda la enseñanza y los maestros dejan de depender de los Ayuntamientos.

Durante la Segunda República se consolida este cambio y se consideró que las reformas en la enseñanza tenían que empezar por los propios enseñantes, esto es, por las escuelas de Magisterio, y el entonces ministro, Marcelino Domingo, elaboró un proyecto, llamado Plan Profesional, del que salieron unos maestros excepcionales.

Los estudios de Bachillerato estuvieron condicionados, tanto en el norte y oeste de La Palma como en La Gomera, El Hierro, Fuerteventura y el sur y parte del norte de Tenerife y de Gran Canaria, por varios factores, entre ellos, la escasez y lejanía de los centros oficiales de enseñanza, agravado por las pésimas comunicaciones, que hacía que las distancias no se midieran por los kilómetros sino por las horas de recorrido; una economía de supervivencia, lastrada por la Guerra Civil y las cartillas de racionamiento; y una tradición familiar, en profesiones universitarias, limitada a muy pocas familias; sólo a aquellas que, generación tras generación, habían podido mandar a sus hijos a cursar estudios fuera de las Islas.

Respecto a la orografía, La Palma se halla constituida por tres zonas naturales, geográficamente bien definidas e históricamente mal comunicadas: el este, con la capital y los municipios de su entorno; el oeste con el Valle de Aridane y los pueblos colindantes; y el norte, con San Andrés y Sauces, y Barlovento. A Fuencaliente, Puntagorda, Garafía y Puntallana podríamos definirlas, a estos efectos, como zonas fronterizas. Esta situación dio lugar a los tres focos que polarizaron los estudios de bachillerato en la Isla: la capital, Los Llanos y Los Sauces.

La existencia de centros de enseñanza secundaria se hace esperar en esta isla hasta 1868, año en el que fue creado el colegio Santa Catalina, al que venían a examinar los profesores del Instituto de Canarias, único en el Archipiélago, con sede en La Laguna.
Esa situación se mantuvo en La Palma hasta que, en 1931, fue creado el instituto de Bachillerato, el tercero del Archipiélago, gracias a las gestiones realizadas en Madrid por uno de los prohombres canarios, Alonso Pérez Díaz. Este centro empezó a funcionar en 1932, y dos años más tarde se cerró el colegio Santa Catalina, ya innecesario. Esos centros atendieron las demandas de estudios secundarios de la capital y los acercaron a aquellos que tenían medios económicos suficientes para poder desplazarse y hospedarse en Santa Cruz de La Palma.

El primer intento para remediar esta situación lo realizó, en 1933, el Ayuntamiento de Los Llanos, cuando en sesión plenaria, a propuesta de don Armando Wangüermert, acordó solicitar la creación de un instituto para atender las necesidades educativas de la zona. Petición que, lamentablemente, no fue atendida.

Sirva de consuelo saber que otras poblaciones notables, como La Orotava o Arucas, tampoco lo lograron en esas fechas, y que sólo se concedieron dos institutos: el de Arrecife de Lanzarote, en 1932, que empezó en 1933, y el de Santa Cruz de Tenerife que, aunque su creación data de 1935, no llegó a hacerse efectiva hasta 1939. El municipio, entonces de Los Llanos y desde 1943 de Los Llanos de Aridane, no consiguió un centro oficial, pero, fue pionero en la enseñanza secundaria libre en la Isla y en la enseñanza secundaria autorizada.

A principio del curso 1940-41, se empieza a gestar una institución docente para los estudios de bachillerato, con el nombre de Fundación Muñoz, que se confirma el 31 de enero de 1941. Ese centro, que durante siete cursos atendió con solvencia a la población escolar de Los Llanos, El Paso, Tazacorte y otros municipios, fue creado por dos maestros venidos de la Península: don Juan José Muñoz González y don Julio Sancha Díez.

El primero, natural de Sevilla, extrovertido, dinámico y emprendedor, se casó con una señorita de la localidad, doña Juanita Ortega Hernández. Tuvieron dos hijos: Fernando y José Emilio, que actualmente residen en Tenerife. El segundo, natural de Guadalajara, que era también oficial de prisiones, se casó con doña María Ortega Hernández, hermana de doña Juanita. De él dice don Gregorio Camacho Hernández que “era todo un caballero; un modelo que imitarían muchos de sus alumnos”.

Estos dos maestros, en el año 1946, crearon también la academia Pérez Galdós en Santa Cruz de La Palma, y dos años más tarde la vendieron a un grupo de licenciados. La Fundación Muñoz se instaló en la calle Real, número 50, de Los Llanos, y en 1943, después de contratar a varios licenciados, fue reconocida legalmente, como colegio de Bachillerato masculino, aunque funcionaba como mixto, por lo que, a partir de ese momento, sus alumnos eran examinados y calificados en Los Llanos por sus propios profesores. A las alumnas, por ser consideradas de enseñanza libre, les correspondía realizar las pruebas finales en el instituto de Santa Cruz de La Palma.

El incremento de la matrícula y los resultados académicos fueron óptimos, ya que el profesorado era eficiente y sus alumnos, lo más escogido de media Isla. En sus inicios contaba con unos 40 estudiantes y cinco años más tarde sobrepasaba el centenar. En un estudio realizado sobre la procedencia de los alumnos de los primeros tiempos, con una muestra de 138, nos encontramos con los siguientes resultados: Los Llanos, 69; El Paso, 24; Tazacorte, 14; Santa Cruz de La Palma, seis; Tijarafe, cuatro; Puntagorda, dos; Garafía, dos; la Península, dos; no identificados, 15.

En cuanto al rendimiento escolar, se puede valorar con la siguiente muestra de 350 calificaciones globales: sobresalientes, 14; notables, 74; aprobados 223; y suspensos, 39. En la transición de la Fundación Muñoz al Colegio de Enseñanza Media Los Llanos de Aridane, hay que destacar el apoyo institucional del Ayuntamiento, presidido por don Rafael Arroyo Felipe, mediante la creación de un Patronato Municipal para garantizar la continuidad de la institución y facilitar el cambio de propietario.

En enero de 1947 el centro fue traspasado por su propietario, don Juan José Muñoz, a don José Antonio Lavers Pérez, profesor mercantil, natural del municipio. Con el cambio de titular, pasó a llamarse oficialmente Colegio Masculino de Enseñanza Media Los Llanos de Aridane, aunque popularmente era conocido como la Academia Lavers, y continuó sin interrupción, en el mismo local y con las mismas directrices, hasta 1970, fecha en la que empezó a funcionar el Instituto de Los Llanos de Aridane, en el que volvieron a confluir, como en la Fundación Muñoz, todos los estudiantes del valle y de los pueblos próximos.
En los 23 años de existencia del Colegio Masculino de Enseñanza Media de Los Llanos de Aridane, la matrícula sufrió un notable descenso en la segunda mitad de los 50, debido, sobre todo, a la creación de academias de Bachillerato en El Paso y en Tazacorte, y a que el colegio de Las Dominicas inició sus clases de Bachillerato en 1955, continuadas luego por La Sagrada Familia de Nazaret. Colegios estos dos últimos de larga y fructífera trayectoria en el municipio.

A partir de 1962 la Academia Lavers incrementó de nuevo la matrícula hasta alcanzar y mantener el centenar de alumnos, llegando, en el último curso, a rozar los 150. En el funcionamiento de estos dos centros fue una figura clave doña Clotilde Hernández Martín, administrativa de la fundación, de la academia y, posteriormente, del instituto. Persona afable y eficaz, que despierta los más gratos recuerdos en todos los que la conocemos.

Resumir la labor de tantos profesores, que permanecen, sin duda, en la memoria de los antiguos alumnos, así como reseñar los espléndidos resultados, visibles en decenas de profesionales que, en todos los campos han atendido las necesidades de nuestra sociedad en los últimos 60 años, ocuparía el tiempo completo de una conferencia. Sin embargo, como colofón, quiero resaltar una vez más la impagable labor de estos dos centros que, durante 30 años, cubrieron con eficacia la ausencia de un instituto. Dos instituciones docentes que sumadas ocupan el primer lugar entre todos los centros privados de bachillerato de La Palma durante el siglo XX, y uno de los primeros puestos entre los colegios no religiosos del archipiélago canario.

Estos dos centros, así como el resto de las academias que poblaron la piel atormentada de las Islas fueron una realidad fruto de la necesidad. Se precisaban centros que pusieran los estudios al alcance de los jóvenes y se crearon allí donde llegó un maestro, por voluntad propia o ajena, y había alumnos que querían aprender.

El municipio de Los Llanos se ha caracterizado siempre por la fertilidad de su suelo, lo que ha generado bienestar y riqueza material, y, sobre todo, por la calidad humana e intelectual de su gente, riqueza esta menos visible, pero también menos frágil y más persistente.

Los Llanos, con la fuerza interna de un poderoso volcán, ha sido capaz de superar dos segregaciones y la amenaza de una tercera, renaciendo como ave fénix, para mantenerse enhiesto, a pesar de esas mutilaciones geográficas y demográficas, y continuar en la proa del progreso de La Palma.