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La ruta de la esperanza

Una de las seis salas de operaciones que se encuentran a bordo del buque hospital 'Africa Mercy'. / DA

SARA PÉREZ | Santa Cruz de Tenerife

Atracó en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife el pasado mes de junio con el fin de aprovisionarse para su siguiente travesía. Atrás quedaba Togo, en el continente africano, y un cuaderno de bitácora que pesaba unos 10 meses de trabajo. Pero sus páginas no contarían la historia de un barco cualquiera. Bienvenidos al Africa Mercy, una impecable nave blanca de 150 metros de eslora y 16.500 toneladas que alberga el mayor hospital a bordo del mundo.

Esta suerte de ciudad flotante, con capacidad para 472 tripulantes, levó sus anclas el pasado miércoles para iniciar un viaje de seis días hasta su próximo objetivo: Guinea Conakri. El reto de la misión será paliar las carencias sanitarias de quienes viven en uno de los países más necesitados del África Occidental, según el índice de desarrollo humano elaborado por la ONU.

A bordo de la nave conviven 450 voluntarios de más de 40 países: desde médicos y enfermeros, hasta profesores, ingenieros o marineros. Y todo por una causa: aliviar el sufrimiento que muchos padecen ante la falta de atención médica.

Dentro del laberinto de pasillos y salas de color verde agua se respira un aroma inconfundible, que constata que hemos llegado al corazón del hospital. Un total de seis quirófanos perfectamente equipados, salas de parto, cuidados intensivos y rayos x se distribuyen por toda la planta inferior del buque. Las 78 camas que dispone el hospital están listas para recibir a los miles de pacientes que pasarán por el mismo. Uno de los carteles de plata expuestos por fuera de una sala de cuidados reza un pasaje en inglés de la Biblia, y por las paredes se alternan fotografías de gentes cuyas miradas valen más que mil palabras. “No hay tiempo ni recursos suficientes para atender a todos los necesitados”, explica el jefe del equipo médico, Gary Parker.

Pero lo cierto es que las labores médicas no concluyen en la superficie del mar: las bases que la organización designa en tierra firme permiten que muchos de los programas continúen una vez que la nave ha zarpado. Dichas bases se encargan meses antes de elaborar una lista de pacientes, mediante criterios de gravedad y urgencia. Una vez llegados a puerto, empiezan 10 meses de incesante labor médica, en un hospital que mantiene las 24 horas sus puertas abiertas. De entre las 18 operaciones que se practicarán diariamente, destacan las intervenciones dentales y oculares, con una media de 14 operaciones de cataratas al día, así como las operaciones a bebés que nacen con labios leporinos o con malformaciones tumorales que pueden llegar a alcanzar un kilo y medio. Según afirma el coordinador de la Fundación Naves de Esperanza -a la que pertenece el barco-, Ricardo Menzíes, “la organización trabaja actualmente en un posible acuerdo con el Hospital de la Candelaria”.

Desde 1978, ‘Mercy Ships’ dispone de una flota de tres naves que navegan por el mundo. / DA

La vida en el mar

En esta pequeña urbe marítima hay tiempo para todo menos para aburrirse. El primer oficial nos presenta la versión más náutica de la Plaza de España, denominada así por ser el centro neurálgico de la nave, un ir y venir de pasajeros constante. Aquí los tripulantes pueden elegir entre ocupar uno de los ordenadores del cibercafé, comprar provisiones en el pequeño supermercado o tomar un café americano en un Starbucks con vistas al mar, decorado al más puro estilo navy.

Hay familias enteras que se embarcan en el buque durante años y otros que prefieren hacerlo por su cuenta con el fin de vivir una experiencia única. La fecha de vuelta la elige cada pasajero, igual que el tiempo de estancia. El idioma oficial es el inglés y dominarlo es fundamental para formar parte de este hervidero de razas, culturas y generaciones distintas, que bien podría confundirse con un experimento sociológico.

Para los más pequeños, incluso con unas atractivas vacaciones en el mar, si no fuera porque en el buque también pasan lista y está complicado eso de falsificar un justificante médico. Y es que solo faltaba a bordo una escuela con 67 plazas y seis aulas para confirmar que al Africa Mercy no carece de nada. Alumnos de Primaria, Secundaria y Bachillerato asisten a las clases que se imparten en el buque, siguiendo el marco educativo anglosajón.

El barco aporta un valor añadido al permitir conocer de primera mano costumbres y estilos de vida tan diversos, que enriquecen, cuanto menos, la proyección y el crecimiento de los niños. “Al final del curso, los estudiantes entregan una memoria en la que evalúan la experiencia vivida en el país visitado”, explica uno de los profesores de la nave.

De asistencia obligatoria son también las asambleas en el salón internacional, que se celebran dos días por semana, donde los voluntarios aprovechan para expresar sus opiniones y propuestas: la soñada ‘ciudad-estado’ de Platón se materializa casi 2.400 años más tarde.

Un trabajo altruista digno de elogio el que realizan los tripulantes de esta ‘república de los mares’. Todo un canto a la solidaridad en medio de una crisis más de valores que económica.

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Colaboración con el Cabildo

El vicepresidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, visitó el pasado lunes el Africa Mercy, para entregar una insignia en representación de las autoridades del Archipiélago. Alonso mostró su agradecimiento ante iniciativas como ésta que, según afirmó, “posibilitan el acercamiento para llevar a cabo proyectos de colaboración conjunta y mejorar las conexiones con el continente africano”.

Actualmente existen acuerdos de cooperación de tipo municipal, residual o de vigilancia volcánica, en zonas como Senegal o Cabo Verde. “Mantener y mejorar estos niveles de cooperación podría beneficiar al objetivo que persigue desde hace tiempo la Plataforma Tenerife Se Mueve”, concluyó Alonso.

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