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La Virgen de las Candelas > Benito Cabrera

La fiesta de la Candelaria está muy ligada a la cristianización de la cultura canaria. Tras el proceso de conquista y colonización, se procede a la consabida aculturación de la población aborigen. Fuentes literarias del siglo XVI ya utilizan la leyenda de la aparición de la Virgen, de la que la más famosa es la obra de Lope de Vega Los Guanches de Tenerife. También fue objeto de estudio por María Rosa Alonso otro manuscrito: Historia de Nuestra Señora de Candelaria, del fray Alonso de Espinosa, publicado en Sevilla en 1594. Lo cierto es que la advocación a esta imagen mariana hunde sus raíces (como muchos ritos cristianos) en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercales.

Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación, asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de San Ambrosio, se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto al Sol.

Hace unos años, me sorprendió en Puno (Perú) la profunda vocación que la Candelaria tenía como fiesta principal, con todo un repertorio de danzas y ritos encaminados a su celebración. Según los propios puneños, la Virgen morena fue llevada por los canarios, que la veneraban como la Txariaxi. De igual manera, esta Virgen canaria por excelencia es venerada y festejada en muchos puntos de América, como Chile, Cuba, El Salvador o México.

Su celebración litúrgica es el 2 de febrero, pero la festividad popular, con peregrinos y ofrendas diversas, tiene lugar el 15 de agosto, fecha ligada al día de su aparición, declarado como Día de la Patrona de Canarias.