reflexión >

Las lentejas de la Virgen > Juan Pedro Rivero

Rico nuestro refranero. “El que las quiere las toma, y el que no, las deja: como las lentejas”. Me hizo recordarlo un artículo leído la semana pasada en la prensa con ocasión de la Fiesta de Candelaria, en el que el autor indicaba que la Virgen de Candelaria, este año, prefería las lentejas a las flores como muestra de veneración y cariño. Ayer se hacía balance y se contabilizaban 1.500 kilos de alimentos imperecederos y 4.000 euros para proyectos sociales de Cáritas puestos a los pies de la Morenita. Y no sólo en Candelaria, sino en otros rincones de la geografía insular, desde la misma Catedral hasta los más inesperados, los proyectos solidarios de alimentos han decorado las fiestas de la Madre de Jesús en agosto. Una muy buena iniciativa. Felicidades.

Porque en este momento de crisis social en el que estamos, todo no es la prima de riesgo o los puntos de Ibex 35; la situación vital va más allá de los valores macroeconómicos y de las idas y venidas del las decisiones del BCE o de los comentarios del FMI. Hay personas concretas, con nombre y apellidos, que tienen hijos e hipotecas imposibles de abordar, hay quebrantos concretos que afectan a personas concretas, que han hecho que se tripliquen las demandas de alimentos en los proyectos sociales. Hay hambre entre los nuestros. Y, como en cualquier familia, -así le gustaba decir a mi madre cuando éramos pequeños-, “una madre se quita la comida de la boca para que coman sus hijos”.

Esa es una fe que nace del Evangelio. Que tiene a Cristo en el horizonte y que habla de una comunidad de creyentes de altura; una forma de religiosidad que convence y llena, con la que es muy fácil identificarse; esa es una devoción mariana que se identifica con actitudes esenciales de la Virgen, que “se puso en camino y fue aprisa a la montaña” porque había una persona en necesidad; una experiencia que ofrece la traducción hermosa de las parábolas del Maestro y la aplicación potente de las Bienaventuranzas; esa es la mejor forma de alegrarle el corazón a cualquier madre, -a la Madre por supuesto- que no le importa quitar de su comida para que no les falte a sus pequeños; una Madre que cambia flores por lentejas con gozo. Pero, ¿sólo en agosto? ¿Sólo alimentos? No es poco lo hecho, pero no cedamos al cansancio y mantengamos, como actitud permanente, las palabras de María: “Haced lo que Él os diga”. Ella lo sabía bien: lo que Él nos dice es fuente de felicidad, de salvación, de bien común, de progreso social, de crecimiento personal; no quita nada de cuanto hace grande al ser humano. Es fuente de sentido. Pero, como las lentejas, la opción es libre: el que lo quiere lo toma y el que no, pues qué se le va a hacer, lo deja.

*Director del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, sede de Tenerife @juanpedrorivero