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Pasado de txiquitos > Antonio Pérez Henares

Para saber de verdad lo que piensan Otegui y su troupe batasuna hay que esperar tan solo a que se pasen de txiquitos o que piensen que no les oye nadie, de “fuera”. Entonces les sale sin tapujos el etarra que llevan dentro y que cuando saben que les miran y oyen disimulan como zorros.

Le pasó al que andaba de asesor por el Ayuntamiento de San Sebastián, que sobrado de vino, en cuanto vio que alguien se atrevía a demostrar alegría porque había ganado la selección española de fútbol se lió a voces de Gora ETA y a amenazar con pegar dos tiros. Todo muy constitucional y democrático, a juicio de Pascual Sala y su collera en el Tribunal que legalizó la infamia.

En la cárcel, el supuesto hombre de paz, y figura señera del ambiente, Arnaldo Otegui, adoctrinaba a los suyos con “tolerancia cero” al saber que hasta en Elgoibar había gentes que jaleaban los goles de la roja. Y no en su caso y para que no los observaran. ¡En los bares!

La tolerancia cero de estos individuos ya sabemos en qué consiste. Como la consideración que les deben aquellos a quienes sus pistoleros echaron a la fuerza del País Vasco. Esos son la txacurra (perros, dirigido habitualmente a los miembros de Cuerpos y Miembros de la Fuerzas de Seguridad) y sus “putas familias”.

Esa es la reconciliación que proponen y esa la senda que piensan transitar: la exclusión y silenciamiento, por las buenas o por las malas, de todo aquel que no se pliegue a su voluntad. A la voluntad de ETA para qué vamos a engañarnos.

Pero tienen que tener cuidado con el vino In vino, veritas decían los latinos y los batasunos han demostrado dos mil años después que a pesar de no haber sido romanizados sus antepasados el aserto les cuadra perfectamente. Vamos, que han sido la más clara demostración empírica de su razón y acierto.

Pero otros por aquí que también parecieran haber bebido siguen empeñados en que estos chicos se han hecho buenos, que se han trasmutado de la noche a la mañana en ciudadanos cumplidores de la ley y en preclaros demócratas.

Vamos, que Zapatero los invitaba junto con la Merkel a Lanzarote, les explicaba todo en una tarde, y los dejaba a la alemana y a los proeatrras amansaditos para siempre.

La una al día siguiente se ponía comprar nuestra deuda como una loca y los otros, tras ver la luz con sus palabras, se convertían en santos, devotos y arcangélicos hombres de bien y de paz.

Vamos, que todos junto al cielo, a contar nubes. Pero cuidado que allí no haya txiquitos que como se pasen con ellos se lían a tiros con San Pedro.