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Plan Nacional e Integral de Turismo (I)> Antonio Alarcó

Estamos convencidos de que España, al igual que Canarias y Tenerife, tienen solución, por más que haya quien se empeñe en lo contrario. No somos partidarios de asumir una posición de resignación, sino de seguir innovando con políticas comunes en busca de esas soluciones, que habrán de venir de la reflexión sobre nuestras fortalezas y debilidades, no del enfrentamiento y la demagogia.

Los motivos que nos llevan a ser región ultraperiférica de la Unión Europea son, en parte, los que hacen que muchos millones de turistas europeos y de todo el mundo nos elijan para sus vacaciones. Y lo hacen precisamente porque aportamos la seguridad de formar parte de España y de Europa. Hemos vivido en gran medida del turismo y tendremos que seguir haciéndolo, aunque de forma muy diferente y sostenible.

La alianza para la excelencia turística Exceltur prevé que el turismo crezca en España por tercer año consecutivo, algo realmente excepcional si tenemos en cuenta la situación de nuestra economía, y ubica a Canarias entre los destinos nacionales e internacionales favoritos.
Entre las causas se barajan tanto la recuperación de Alemania y Gran Bretaña como lo ocurrido en destinos competidores a consecuencia de la Primavera árabe, pero también que somos competitivos, por nuestras condiciones sociales, sanitarias y jurídicas. Sin embargo, el crecimiento del número de turistas no se ha traducido en un incremento del nivel de riqueza que disfrutamos.
Si analizamos el producto interior bruto de las Islas Canarias en los últimos tiempos, encontramos que el sector representa el 27,8%, aporta el 32,8% de los empleos de las Islas y proporciona el 27,6 % de sus ingresos tributarios. Si bien contamos con un índice de desempleo que supera el 30% de nuestra población activa, 10 puntos por encima de la media nacional y casi 20 sobre la media de la Unión Europea, la tendencia de los últimos meses demuestra que es posible crear empleo en España. Ahí están, si no, los cien mil parados menos del pasado junio, que lamentablemente no se han traducido en un dato similar en las Islas.

Aumenta el número de turistas, pero seguimos destruyendo puestos de trabajo, y el gasto medio por turista extranjero bajó en Canarias el 11,8% en el último año, la mayor caída con diferencia de los destinos españoles. Por tanto, los excelentes datos de ocupación no se corresponden con el rendimiento obtenido por el sector, que ha tenido que reducir sus precios para ser competitivo.

Debemos ser muy cautos a la hora de examinar esa bonanza, porque no se están aportando mejoras constatables para nuestra economía. La crisis, y mucho más en el sector turístico, no vende. Hay que actuar, y eso está haciendo el Gobierno de España, que ha planteado dos líneas de actuación. Una primera línea de carácter estructural en nuestra economía, a través de un programa de reformas que mejore nuestro marco general: una reforma financiera que permita que vuelva a fluir el crédito a favor de familias y autónomos, una reforma laboral y una reforma para la estabilidad presupuestaria. Estas medidas son muy difíciles de asumir, pero las instituciones habrán de ajustarse el cinturón como lo han hecho las familias y las empresas desde hace años.

Y una segunda actuación concreta para el turismo, cuya importancia para las Islas no hace falta subrayar. Es preciso que nos centremos en las soluciones eficaces que exige la situación, de la mano del Plan Nacional e Integral de Turismo que anunció nuestro presidente Mariano Rajoy, y que ha confirmado el ministro del área, José Manuel Soria, por cierto, primer canario en ocupar este puesto de alta responsabilidad. La reflexión sobre el futuro inmediato no puede limitarse a una polémica creada interesadamente en algunos medios de comunicación sobre las tasas aeroportuarias, y no digamos respecto a la conveniencia de llevar a cabo prospecciones petrolíferas en aguas cercanas a las Islas. Requiere de un debate mucho más riguroso y profundo de todos los agentes implicados, y estamos en condiciones de liderarlo. Es evidente que las investigaciones científicas, económicas y sociales demuestran que petróleo y turismo pueden ir de la mano, porque lo primero a proteger es el ciudadano, nuestro bien más preciado.

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