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Ruido en el campus > Francisco Pomares

¿Cuánto cuesta un minuto de educación universitaria? Supongo que alguien se habrá tomado la molestia de calcularlo, ahora que todo se mide y remide. En el campus universitario de Guajara se pierden todos los días lectivos centenares de minutos de costosísima educación universitaria.

Cada vez que un avión se acerca a aterrizar en Los Rodeos, los profesores que imparten su docencia tienen que callarse durante el tiempo que se produce el vuelo de los aviones sobre el campus. El sonido de los reactores en su maniobra de aproximación a Los Rodeos hace imposible escuchar en todas las aulas. Eso ocurre dos o tres veces por clase. La mayoría de los profesores están acostumbrados, se limitan a hacer una pausa, a veces un gesto de hartazgo o a soltar un exabrupto.

Cuando se compraron los terrenos del campus de Guajara, nadie creyó que el asunto revistiera demasiada gravedad. Una pequeña molestia, como mucho. Se cometió un error que se paga con decenas de miles de minutos de docencia perdidos todos los años. Ajo y agua.

Lo que resulta asombroso es que muchos años después, conociendo las autoridades académicas la situación, se decidiera volver a comprar terrenos aún más afectados por la huella sónica del aeropuerto de Los Rodeos, concretamente los de Geneto.

Y ahora resulta que esos terrenos, 31.000 metros cuadrados expropiados por cinco millones de euros, deben ser abonados por el Ayuntamiento de La Laguna a los propietarios. No se les ha pagado hasta ahora porque el Ayuntamiento carece de recursos. El Ayuntamiento sigue intentando evitar el pago, a pesar de que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias dio la razón a los propietarios, en una sentencia bendecida después por el Tribunal Supremo.

Se pague o no, las previsiones del nuevo Plan de Ordenación lagunero sobre el campus universitario de Geneto son hoy completamente inviables. El Gobierno no puede invertir ni un euro en el Parque Científico-Tecnológico y en la Ciudad Sanitaria previstas en la zona, que incluían el futuro traslado de la Facultad de Medicina y de la Escuela de Enfermería al nuevo campus. Otro caso de gasto disparatado y sin sentido. Aunque al menos, la imposibilidad de construir podría hacer reflexionar a las autoridades sobre lo absurdo de ubicar instalaciones académicas en medio del ruido de los aterrizajes.

Que alguien haga cuentas: es posible que lo que se pierda en diez años de minutos sacrificados al ruido sea mucho más que esos cinco millones de euros.