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Una isla de fuego > Francisco Pomares

Estabilizado y ya bajo control el fuego en Tenerife, el incendio de La Gomera sigue ofreciendo las imágenes más pavorosas de lo que es capaz de hacer el fuego desbocado. Miles de personas evacuadas, pérdidas multimillonarias y la ecología y el paisaje de la isla más agreste del Archipiélago destruidos durante años. La Gomera sabe de incendios, sufrió hace ahora tres décadas el más grave de los que se han producido en las Islas, con varias víctimas mortales y algunos heridos muy graves. Las víctimas de hace treinta años fueron la consecuencia de los errores cometidos en la dirección de las tareas de extinción. Murieron el gobernador civil de la provincia, Francisco Afonso, su chófer, su secretario y tres personas más. El entonce presidente del Cabildo, Lito Plasencia, sufrió gravísimas quemaduras y terribles secuelas. Por eso, el primer esfuerzo de las autoridades de seguridad es evitar que vuelva a ocurrir algo parecido, que haya de nuevo víctimas humanas. Confiemos en que la experiencia adquirida en todos estos años nos ahorre volver a cometer pasados errores. Pero siendo siempre conscientes de la facilidad con la que el fuego se propaga, la rapidez con la que salta por laderas y barrancos, y como ha llegado hasta las viviendas más altas de Valle Gran Rey y las ha reducido en instantes a escombros.

Para luchar contra el fuego hay que tener la cabeza fría y actuar en base a criterios exclusivamente técnicos. Ahora no es el momento de elucubrar sobre las causas de la devastación en La Gomera o de exigir responsabilidades políticas ante lo ocurrido. Pero han pasado ya diez días desde el inicio de los fuegos, y tiene uno la sensación de que en el arranque quizá no se hizo todo lo que debía haberse hecho. Si Canarias está lejos, hay islas de Canarias que parecen estar ancladas en la maldición de ser la periferia de la periferia. En lo económico, en lo social, en lo político, y en el interés de los responsables regionales. La Gomera es una de esas islas desde siempre.

Después de soportar la destrucción que ha traído el fuego, sería terrible descubrir que no se hizo en su momento todo lo que se debía hacer, que se esperó a solicitar la ayuda nacional a cuando ya era demasiado tarde, o que se primó la atención a fuegos más cercanos antes de acudir al más grave y peligroso. Miles de gomeros tienen hoy esa impresión, basada en la experiencia de estos días de escasez de recursos contra el fuego, y de improvisaciones -al menos a la hora de ofrecer información- en la dirección de las tareas de extinción. Ojalá se pueda demostrar a los ciudadanos de la isla abrasada que están equivocados. Ojalá se les pueda convencer de que se hizo todo lo posible por minimizar el daño en La Gomera.