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Una organización destruida > Francisco Pomares

Tanto José Miguel Barragán como Fernando Bañolas han anunciado la inmediata expulsión de Antonio Hernández Lobo del partido, tras la incorporación de este al gobierno en el Cabildo grancanario. Se trata de una decisión cantada, casi obligada: Hernández Lobo ha roto con la disciplina de Coalición al negociar por su cuenta y riesgo el apoyo al PP en el Cabildo. No entro en sus razones, pero si estás es un partido, aunque sea en un partido tan particular como es hoy Coalición, no puedes hacer de tu capa un sayo. Hernández Lobo no es un cualquiera en Coalición: vinculado a la organización nacionalista de Telde, ha sido uno de los hombres claves en Coalición en los últimos años.

Su apoyo al PP apesta a operación personal de transfuguismo o recolocación, pero intuyo que es algo más: probablemente representa la punta del iceberg de una creciente descomposición interna del proyecto nacionalista en Gran Canaria, prácticamente residual en la vida política de la isla, desde que Rivero -en su anterior etapa de presiente del partido- propició la ruptura con lo que hoy es Nueva Canarias y decidió hacerse con el control directo de la organización grancanaria.

Eso ocurrió hace ya más de seis años y ha llovido mucho bajo ese puente. Quienes apoyaron a Rivero en la purga de Iniciativa Canaria -José Carlos Mauricio, los restos del equipo de asesores de Olarte, la mínima estructura de Rodríguez Batllori- hace tiempo que ya no están en Coalición. Unos por decisión propia, y otros expulsados. Lo único que queda de la organización grancanaria es un residuo en torno a Fernando Bañolas, que se mantiene artificialmente porque el presidente Rivero lo usa como mecanismo personal de salvaguardia en los congresos. La actuación de la delegación grancanaria en el último fue determinante para que Rivero lograra su bipresidencia por la mínima. Pero la organización grancanaria es hoy una organización fantasma, con más delegados al congreso que afiliados reales, reiteradamente purgada para convertirla en un instrumento de poder, y controlada por Presidencia hasta el extremo de haberse atrevido a colocar en la secretaría de organización de ese tinglado moribundo a Rubén Fontes, un comisario político de la televisión canaria.

Creo que si Lobo estaba harto de seguir apoyando la inutilidad política que hoy es Coalición en Gran Canaria, debería haber entregado su acta de consejero. Pero hace tiempo que allí se han perdido las formas. En Gran Canaria, Coalición es hoy un tinglado vacío sin ningún futuro.