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Vámonos que viene Al Qaeda > Rafael Muñoz Abad

Le puedo asegurar que tenemos serios indicios de que la actividad terrorista contra los ciudadanos e intereses occidentales está más viva que nunca. Es más, recientemente, se ha desactivado una célula que pretendía atentar con más de mil kilos de explosivos contra un edificio occidental […] trabajamos con los imanes para que los más jóvenes no caigan en el integrismo…”. Estas fueron las palabras que hace poco y en Tenerife, el embajador de España en un país islámico muy próximo a nosotros, amable y didácticamente me exponía en un autentico ejercicio de diplomacia ante la impertinencia de mi pregunta. La repentina decisión del gobierno retirando a los cooperantes españoles en los campamentos de Tinduf, situados en el profundo sur argelino y en medio de la nada, supone una jugada que no termino de comprender. Supongo que el ejecutivo maneja sus razones en base a la información que le pueda suministrar el CNI y sobre todo la inteligencia francesa, que es la que realmente tiene oídos y ojos entre las dunas del Sahel. La evacuación de los cooperantes nos deja en una posición incómoda frente al eterno dilema del Sahara occidental. Ecuación que no hay inquilino de La Moncloa que tenga el valor de empezar a despejar. Aún así, el tema esconde conexiones mucho más profundas y dignas de un guión cinematográfico. El interés de occidente y sobre todo de Francia en derrocar a Gadafi para de inmediato dejar a Libia a la deriva, ha ofrecido segundas derivadas que ya tienen serias consecuencias. Muy lejos de hacer apología del gadafismo y su libro verde, el vacío de poder ha supuesto que los arsenales de armas que se escondían en el sur de Libia se hayan vaciado y, al igual que ocurrió con el desmantelamiento de la URSS, bandas y facciones se hayan armado hasta los dientes. Las fronteras y las inmensas extensiones de Mali, el este de Mauritania y Níger, son inversamente proporcional a los medios que estos tienen para controlar sus confines; líneas permeables que permiten el movimiento en el más absoluto anonimato y campo abonado para el crecimiento de organizaciones que deseen operar al margen de la ley. El régimen libio era un eje gravitatorio alrededor del cual los clanes y “estados familiares” del Sahara orbitaban de manera controlada. No olvidemos el propio origen beduino de Gadafi. El derrumbe de la autocracia supuso que el complejo orden y el delicado equilibrio que mantenía el norte de Mali “controlado” se haya alterado; corriéndose el riesgo de que la franja se convierta en un taifarato donde el integrismo campe a sus anchas. Escenario que Europa y Francia empiezan a mirar con preocupación; la primera, por la relativa cercanía; y la segunda, por los fuertes intereses que aún presenta en la zona. Los rumores sobre una posible intervención militar con el objetivo de extirpar el integrismo pudieran ser una de las explicaciones para la retirada de los españoles; pero igualmente, barajo que lo último que Rajoy quiere ahora es un secuestro. Y es que eso supone ir a Burkina Faso a pagar. Su capital, Uagadugu, se ha convertido en el centro de negociación para la liberación de los secuestrados. Allí fue la infausta ex vicepresidenta De la Vega a hacer el ridículo y darse cuenta del escaso músculo africano que tenemos. En plena ola de recortes no sé qué pasará con la presencia del CNI en el África que más nos afecta. La evacuación de los cooperantes significa que no se quieren correr riesgos con los españoles en el Sahara; quizás, porque ya no hay ni dinero ni medios para mantener allí nuestra inteligencia; y sólo nos quedaría recurrir a los franceses para solventar una urgencia.

*Centro de estudios africanos de la ULL | cuadernosdeafrica@gmail.com