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Alejandro Martínez: “Me incomoda estirar el cuello”

alejandro martinez cb canarias
El entrenador tinerfeño del CB Canarias, Alejandro Martínez Plasencia. | DA


DOMINGO NEGRÍN MORENO
| Santa Cruz de Tenerife

Me encuentra echando una cabezadita en un banco de los pasillos del pabellón de Los Majuelos. Sus ojos no dan crédito. Ese día, yo había madrugado para estar a la hora acordada: las diez de la mañana. Mereció la pena. Alejandro Martínez me ha enseñado que lo más importante de los sueños es que no se transformen en pesadillas.

-Vengo a por una prueba para el equipo…

“[Me mira de arriba abajo y sonríe con malicia] El tamaño importa”.

-Soy ancho de espíritu…

“Hay jugadores de baloncesto, incluso más chicos que tú, que suplen la escasez de estatura con otras características, como la velocidad y la inteligencia”.

-No haces más que ponerme inconvenientes… ¿Y los entrenamientos?

“Ahora estamos compaginándolo todo. Vamos a la playa, al monte, al gimnasio…”

-Al regreso de las vacaciones, los ejercicios físicos no es que sean muy amenos…

“Es muy duro empezar así, aunque ellos trabajan en verano. Lo hacemos variado para que resulte menos pesado”.

-Antes de que me olvide, ¿cuánto mide el más bajito?

“Sobre 1,84”.

-¡Que se sienten, coño!

“Sí, me siento incómodo cuando tengo que estirar el cuello”.

-¿De qué jugabas?

“Para mi edad, yo era un base grande”.

-¿Hasta cuándo?

“A los 14 años me puse a entrenar”.

-El Canarias en la ACB y el Tenerife en Segunda B. ¿El baloncesto le ha metido un gol al fútbol?

“Sí, son ciclos. En una ocasión coincidieron en la máxima categoría, pero suele ser que cuando uno está arriba el otro está abajo. Yo creo que esta isla está capacitada para contar con los dos clubes en lo más alto; sobre todo, por afición. Es verdad que, económicamente, este no es el momento”.

-¿Las filosofías son tan diferentes?

“No, a mí también me encanta el fútbol y eso de que la afición al baloncesto es más serena habría que verlo. Depende de las personas, no del deporte”.

-¿Se sufre mucho en la cancha con un ambiente adverso?

“Me resbalan muchas cosas. Me importan las opiniones de mis jugadores y de mis directivos, que son los que conocen los entresijos”.

-Las agarradas con los jugadores deben de ser delicadas…

“Prefiero utilizar la palabra… En el Canarias hay gente muy pasional”.

-Eso es bueno…

“La sangre que sea caliente, que la horchata es para beber. A veces hay que levantar la voz. Al final, eso acaba con una caña en un bar, con un café o con una Coca Cola. Un entrenador ha de saber manejar la tensión de las derrotas y el relajamiento por las victorias. Por eso, en ocasiones provocas situaciones de ese tipo”.

-¿Qué es lo peor que le puede ocurrir a un entrenador?

“[Resopla] Evidentemente, que te echen. Es desagradable comprobar que tu esfuerzo no se traslada a la pista. Y siempre es más fácil prescindir de un entrenador que de diez jugadores”.

-¿Este club valora a la gente de la casa?

“Nos gustaría disponer de más jugadores de la casa. A modo de consuelo, te diré que ese es un fenómeno nacional. Con nosotros están dos jugadores tinerfeños y el cuerpo técnico es de aquí”.

-En tres europeos y en un mundial, casi nada. ¿Qué ha supuesto para ti ser seleccionador nacional de grupos sub-20, sub-18 y también sub-17?

“Es un premio al trabajo que haces durante el año. Aparte del Canarias, entreno a niños. En la federación se valora mucho que un profesional dedique una hora de su tiempo a la base. Estoy bastante satisfecho”.

-¿Qué sensaciones viviste cuando al éxito deportivo le pitaron falta técnica?

“Ha sido muy raro. Ascender y quedarte a las puertas por dinero es un palo tremendo. Menos mal que se arregló”.

-¿Cuánto duró el desasosiego?

“Un mes y pico”.

-Lo fundamental es divertirse, ¿no?

“Disfrutar, que los aficionados se diviertan y dejar a dos equipos por debajo”.

-¿Todavía es factible la fusión?

“Seguimos adelante con el proceso de convergencia, de unión…”

-Convergencia y unión… ¡Ya estamos con la politización del deporte!

“Las instituciones son clave”.

-Y los ajustes son clavos…

“Existen fórmulas”.