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La batalla contra las bacterias

BACTERIAS
La lucha contra esos microorganismos es vital. / DA

DANIEL GARCÍA VELÁZQUEZ | Santa Cruz de Tenerife

Tal y como dice el refrán, “lo que no te mata te hace más fuerte”, se puede aplicar perfectamente al mundo microbiano. Los microbios, que de por sí tienen desarrollados mecanismos de defensa obtenidos a lo largo de la evolución, se replican con gran facilidad y así transmiten su información genética a otras nuevas generaciones, lo que se conoce como infección microbiana.

Pues bien, vivimos en un entorno que se encuentra completamente colonizado por unos microorganismos que denominamos bacterias. Algunas no hacen ningún daño al organismo humano, e incluso las hay que pueden ser beneficiosas (como las alojadas en la flora intestinal), pero también hay otras que nos provocan enfermedades. Éstas últimas utilizan diferentes estrategias para infectar y, por lo tanto, se necesitan diferentes métodos para combatirlas. Algunas de ellas son consideradas como patógenas primarias, es decir, que por sí solas son capaces de infectar a un individuo, ya que contienen factores de virulencia que les permiten defenderse o eludir la respuesta inmunológica que rápidamente se activa en nuestro organismo (suelen ser los glóbulos blancos o leucocitos) para defendernos. Otras son patógenas oportunistas, y necesitan que las defensas de nuestro organismo estén debilitadas para poder infectar. Existen muchas maquinarias diferentes que permiten a las bacterias causar patologías, por lo que aquí entra la importancia del desarrollo de los antibióticos en el ataque a los componentes defensivos de las bacterias. Los antibióticos han revolucionado la medicina de los últimos 80 años, siendo “armas químicas” en la batalla contra las infecciones bacterianas, es decir, las ocasionadas por una bacteria y no por un virus.

En los últimos años, las bacterias se han convertido en organismos más resistentes y no pueden combatirse tan fácilmente con los antibióticos tradicionales, los denominados de amplio espectro. Según la Organización Mundial de la Salud, si la gente continúa usando antibióticos con negligencia, nuevas cepas o tipos de bacterias resistentes a todo tipo de fármacos podrían hacer retroceder el mundo a los tiempos en que las infecciones leves causaban la muerte. Si un paciente no toma la dosis completa de fármacos para eliminar del todo la infección, los microbios desarrollan resistencia con mayor rapidez. Si la gente se administra antibióticos cuando no los necesita – para tratar infecciones virales como la gripe -, las bacterias que se encuentran de forma natural en el organismo desarrollan resistencia y comienzan a propagarse. Es decir, si se suspende el tratamiento por cuenta propia disminuye brutalmente la defensa de nuestro organismo contra un futuro ataque de la misma familia de bacterias. Hay que tener en cuenta que una de las mayores causas de mortalidad en el mundo son las enfermedades producidas por infecciones. A lo largo de la historia ha habido varios factores que han supuesto un aumento en la supervivencia del hombre ante estas enfermedades, tales como una mejor higiene corporal o una mejora en la nutrición. Pero no hay que bajar la guardia ni olvidar que ya hay bacterias casi invencibles.