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La confusión como norma – Por Carlos Carnicero

Empiezo a pensar que hablan por no callar. Me refiero a nuestra clase dirigente. La proliferación de noticias contradictorias crean el caos informativo, el desconcierto.

Llevamos meses hablando del rescate bancario. Todavía no se ha aplicado, pero día a día el ministro de Economía y los responsables económicos de Bruselas se contradicen. Afirman un día de que los restos de lo que se necesite para salvar a nuestras cajas se podrá emplear en otros menesteres. Luego lo desmienten.

No voy a repetir el catálogo de falsedades que luego han sido rectificadas por los hechos. La promesa de no subir los impuestos, la amnistía fiscal, la brutal reforma laboral, la subida del IVA.

Ahora dice Rajoy que no tocará las pensiones, lo que equivale a asegurar que sí lo hará. Y mientras tanto, la ciudadanía ha sufrido un entrenamiento para soportar cada nuevo recorte y una nueva promesa incumplida.

La esperanza viene de Portugal. Las protestas pacíficas y la presión de la calle han hecho rectificar al Gobierno. Una noticia que apenas ha tenido eco en España, tal vez por ese complejo estúpido de superioridad que malgastamos con Portugal.

Lo cierto es que las cosas pueden cambiar si la presión es suficiente.

Pero la ambigüedad y la confusión como normas son conscientes e intencionadas. No precisan porque prefieren administrarnos la realidad en dosis y por eso barajan las cartas de sus discursos y nos confunden con sus tretas.

Hay pocas voces consecuentes; poco compromiso intelectual con posiciones coherentes. La mutación del pensamiento hacia el pragmatismo hace estragos. Y la confusión favorece esa tendencia. Tenemos que ejercer la claridad y ser claros en nuestras propuestas porque no hay realidades que obliguen a obedecer. Esa es la primera falacia de Rajoy.