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Crímenes impunes – Por Enrique Arias Vega

La destitución de Josefina Llamas, la forense que metió la pata en el caso de José Bretón, más que tranquilizar al personal le plantea nuevas cuestiones inquietantes, dada su contrastada ineptitud: ¿cuántos crímenes habrá dejado sin resolver en sus 32 años de posibles errores forenses?

El suyo sólo es un ejemplo más de la dificultad de resolver los delitos que se cometen en nuestra sociedad.

Partimos de que en muchos crímenes hasta se ignora que se hayan producido. Luego, hace falta que se descubra a su autor. Y aún queda lo más difícil: probar su autoría, como se vio en el asesinato de Marta del Castillo. Finalmente, tenemos el conocido colapso de nuestro sistema judicial, que propicia la prescripción de los delitos y la excarcelación de sus culpables tras pasar por la prisión preventiva.

No quiero ponerme trágico ni pesimista, pero todo esto se traduce en que una mayoría de crímenes queda impune.

Mucho peor, incluso, es lo que sucede en los llamados delitos de cuello blanco. Ahí tenemos, si no, el bochornoso e inane espectáculo de la comisión de investigación sobre el saqueo de las cajas de ahorro por directivos sin escrúpulos con la complicidad evidente de nuestros políticos. Pues bien: ni uno solo de ellos ha sido encarcelado hasta la fecha.

En las escasísimas ocasiones anteriores en que altos empresarios o banqueros han sido condenados, se les ha aplicado la prescripción de sus delitos, como en el caso de Alberto Cortina y Alberto Alcocer, o han sido indultados por el Gobierno de turno, como Alfredo Sáenz Abad.

Ya ven si no es para echarse a llorar: en vez del triunfo de la justicia asistimos día a día al de la más flagrante iniquidad.