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Cuestión de tiempo – Por Jorge Bethencourt

El producto interior bruto de Canarias -que no es un mago de dos metros de altura Tacoronte sino la suma de los bienes y servicios que producimos- fue de poco más de 41.000 millones el pasado año. Casi dos mil millones menos que el del 2008. Si uno asoma la nariz a las cifras del PIB, el sector que nos ha salvado las nalgas sigue siendo el comercio, la hostelería y el transporte (lea usted turismo) que creció casi un siete por ciento.

Durante años, las Islas han vivido de lo que todos sabemos: esos diez a doce millones de guiris que, inexplicablemente, nos siguen considerando un destino maravilloso para pasar las vacaciones.

Hace ya un cierto tiempo que a nuestras autoridades les preocupa mucho el turismo. A resultas de que se había desarrollado, crecido y prosperado sin que nadie le hiciera ni puñetero caso, alguien decidió que eso no se podía tolerar ni un minuto más. Así que toda esa buena gente que, en diferentes destinos, ha sido investida con la toga del poder se puso a pensar en cómo joder un poquito lo que funcionaba perfectamente. A las pruebas me remito.

Se liaron la manta a la cabeza y empezaron a llamar al suelo de mil maneras diferentes, que no las entiende ni el inventor de los sudokus. Y a planificar -que es lo más que les gusta- dónde y cómo y en qué se tenía que gastar el dinero la gente que decidía invertir en el sector. Y cuántos secadores de pelo debía tener una habitación. Y de cuántas estrellas debían ser los hoteles. Y que si un plan especial por aquí. Y un plan parcial por allá. Y un plan insular por acullá. Y como además el turismo se come el territorio -porque los cuartos de aperos no, esos ni se notan- y hay que proteger nuestra maravillosa vegetación -si no en los veranos no tendremos nada que se nos queme para pedir hidroaviones- pues se sacaron una moratoria para congelar el crecimiento de la gallina que nos pone los huevos de oro. Y así se decidió que fuera el Parlamento el que decidiera qué proyectos turísticos pueden desarrollarse y cuáles no, pues es bien sabido la experiencia que tienen los diputados canarios como empresarios de éxito.

A mi me parece un milagro de a pesar de que toda esta tropa se haya puesto controlar, dirigir e intervenir en el turismo aún tengamos un sector que funciona y les sobrevive. Digo yo que será sólo cuestión de tiempo. Si les damos un poco más, se lo cargarán con todo éxito. Así que paciencia.