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Domingo Navarro – Por Luis Ortega

Doctor en medicina y cirugía y sacerdote de probada vocación, en su condición de vicario insular dio posesión a Antonio Hernández -una enérgica y activa alma de Dios que está siempre donde se le necesita- del Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves, de la secular parroquia de ese título y de las dedicadas a las advocaciones de las islas capitalinas, La Virgen de Candelaria en Mirca y la del Pino en Velhoco, compartida ésta con San Vicente Ferrer, a quien se erigió la ermita dieciochesca. El vicario Navarro recordó la encomiable entrega del anterior Rector del Santuario -Francisco de las Casas- que, durante la friolera de cuarenta y dos años llevó con inteligencia, sensibilidad artística y rigor estas responsabilidades; y su sucesor, con la nobleza y generosidad que lo caracteriza, elogió su labor al frente de un complejo religioso que, además de su significado estricto, es una seña de identidad indiscutible de todos los palmeros. No existen precedentes en la católica, tradicional y mariana España de la unanimidad de todas las instituciones públicas de un territorio -los catorce ayuntamientos y el Cabildo insular- hacia su Patrona. Esa es, además de su valor y trascendencia pastoral, una obligación añadida que monseñor Bernardo Álvarez, palmero y por ende conocedor de estas circunstancias, valoró a la hora de determinar el nombramiento. Hace una semana, en una ceremonia brillante y concurrida, el nuevo párroco pidió auxilio a la Patrona y a los paisanos para cumplir con eficacia sus cometidos. Tiene garantizadas ambas ayudas, porque en un emotivo reencuentro, me topé con amigos que conocimos a Antonio cuando era un jovencísimo coadjutor de Los Llanos de Aridane, con parroquianos de los lugares donde dejó la huella de su trabajo y de su alegría, porque profesa en esa imprescindible dimensión del Evangelio, y con sus últimos feligreses, los orotavenses que le acompañaron en la brillante liturgia; y con un grupo de colaboradores del Proyecto Hombre, que cuidará con la energía, la constancia y el mimo que derrocha con quien lo precisa. Desde una esquina del norte de la isla de Tenerife, donde La Palma se ve como una luminaria vespertina, recuerdo que, hace una semana, seguí con especial emoción y sentimientos diversos, la apertura de un nuevo ciclo para el Santuario, La Palma y los palmeros.