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Expiación > Alfonso González Jerez

La previsiones económicas de la CEOE anuncian que el infierno, contra lo que dicta la teología, puede empeorar manifiestamente. Como nadie ignora y casi todo el mundo comparte, los compromisos sobre el déficit público no se cumplirán ni globalmente ni en los distintos niveles de la administración pública. La recesión se acentuará en 2013 y se mantendrá durante el 2014 y el desempleo alcanzará los seis millones de personas. Es un panorama de catástrofe nacional, de empobrecimiento pavoroso, de parados sin esperanza, de aguda parálisis económica y de crecientes bolsas de miseria y exclusión social. Es un país ingobernable, cuyos recursos públicos, acogotados por las obligaciones de la deuda y el calendario del déficit impuesto por Bruselas y admitido de mil amores por el Gobierno, serán claramente insuficientes para mantener las prestaciones sanitarias y educativas y afrontar la cobertura de los subsidios de desempleo. Y todo esto excluyendo de la prospección futura el rescate financiero sobre el que Mariano Rajoy está deshojando la margarita sobre una copa de Anís del Mono.

Aunque parezca asombroso, en Canarias no se ha tocado el fondo del precipicio de la destrucción de empleo. Todavía se pueden perder miles de puestos de trabajo y, con toda seguridad, se perderán. El aniquilamiento de la construcción de obra pública y privada no puede ser absorbido por la actividad turística, con o sin el anhelado plan de rehabilitación de la planta alojativa anhelada por el presidente Paulino Rivero. Es cierto que el número de visitantes es similar al de hace seis, siete u ocho años, pero es que el modelo turístico canario no está adornado, precisamente, por un frondoso ramillete de externalidades positivas. Nos las hemos arreglado, por ejemplo, para liquidar suicidamente el sector primario, y lo que se le sirve a los turistas en sus menús son, anécdotas aparte en los restaurantes de cinco tenedores, productos importados en un 99%. Salvo los impuestos y tasas municipales, las principales cadenas turísticas no tributan fiscalmente en Canarias. Después de cuarenta años de desarrollo turístico, la formación profesional para el sector es una caricatura grotesca y ni siquiera cuenta con el suficiente reconocimiento académico. Incluso en los años de vacas ubérrimas nunca bajamos del 9,5% de desempleo ni se creció sostenidamente más de un quinquenio. El modelo productivo basado en la construcción y el turismo (y las transferencias financieras europeas) nos sacaron de pobres, pero ahora nos devuelve a la pobreza, exactamente igual de lo que suele ocurrir a los que ganan la lotería. Un modelo botijero de acumulación y concentración de capital privilegiado fiscalmente y que ha despreciado la innovación, las nuevas tecnologías y la excelencia en la educación. Este error histórico no se expía en un suspiro: hemos tenido una oportunidad espléndida y nuestras élites la han despedido agitando como un pañuelo un certificado de la RIC.

@AlfonsoGonzlezJ