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Foto de hoy – Por Jorge Bethencourt

Un Congreso cercado por miles de personas y defendido a palos por la policía. Eso es España. Personas que representan -dejemos cómo- a millones de ciudadanos, cercada por una masa indignada que clamaba por la disolución de las Cortes y la apertura de un proceso constituyente de no sé qué.

Esa es la foto de España. La de la agitación y la rabia. La de unos políticos cobardes y suicidas enfrascados en su propia demolición. La de un Estado que antes de asumir su reforma prefiere morir con las botas de unas deudas impagables y una sociedad esquilmada. La de un Estado de Bienestar que todo el mundo sabe que no resulta sostenible en sus actuales costes, pero que a todo el mundo acojona reformar para salvarlo. La de movimientos segregacionistas que también quieren aprovechar las astillas del tronco demolido de un Estado en quiebra, a pesar de los riesgos que conlleva, porque aquí no se consiguen los cambios con la mesura del tiempo y de la historia, sino con el oportunismo. La de millones de empleos y cargos públicos que, sin discutir la necesidad de una administración potente, se han convertido en una carga ineficiente para la sociedad que les paga y en una casta de intocables. La de una sociedad dividida en bloques opuestos, que se anulan. La de unos medios de comunicación abonados al escándalo que cotidiana y generosamente se les sirve en bandeja de plata.

No es la crisis económica la que nos ha hundido un doloroso puñal en las tripas del futuro. Es la crisis de los valores. El fracaso de los partidos políticos como representantes de algo más que no sean sus propios intereses. La ceguera de todos los que, de una manera o de otra, no entienden que cuando el barco se hunde cualquier ocupación que no consista en salvarlo es una manera de llamar al suicidio.

No son las miles de personas y algunos violentos que ayer cercaban el Congreso más que la parte de un todo silencioso y hastiado. Se lo han ganado a pulso los que han dilapidado la herencia de milagrosa tolerancia y entendimiento que recibieron de una generación de la que nada se esperaba y que fue autora de un milagro. Este país se acerca peligrosamente a la pérdida de todos los fundamentos de la convivencia.
La de los pueblos. La de los ciudadanos. La de la política. Y cuando se derrumbe nuestro efímero proyecto de grandeza, todos seremos al mismo tiempo las víctimas y los culpables.

@JLBethencourt