Garajonay se prepara para evitar que las lluvias agraven el daño del fuego

EFE | San Sebastián de La Gomera

El Parque Nacional de Garajonay prepara medidas urgentes para evitar que las próximas lluvias agraven el daño causado por el incendio de agosto en esta Reserva de la Biosfera, donde las llamas han dejado su huella en 733 hectáreas, incluidos los bosques centenarios de laurisilva.

El director de Garajonay, Ángel Fernández, ha adelantado en una entrevista con Efe los principales datos del informe sobre los daños sufridos por este espacio protegido durante el incendio forestal que puso en jaque a La Gomera, obligando a desalojar de sus viviendas a la cuarta parte de los habitantes de la isla,

El fuego afectó en mayor o menor grado a 733 de las 3.986 hectáreas que componen el Parque Nacional (el 18,4 % del total).

Del total de superficie dañada, casi la tercera parte (231 hectáreas de terreno, el 31%) corresponde al ecosistema que distingue a Garajonay: los bosques de laurisilva canarios, reliquias de las masas forestales subtropicales que hace millones de años, durante el Terciario, tapizaban el sur de Europa y norte de África.

Durante los peores momentos del incendio, los responsables del Gobierno de Canarias ya alertaron de que el fuego se estaba adentrando incluso en zonas que hacía más de un siglo que no se quemaban y que en desastres anteriores se habían comportado como un muro verde y húmedo que había detenido la progresión del fuego.

De acuerdo con el informe que maneja el Parque Nacional, en las zonas de laurisilva este incendio ha dañado 50 hectáreas de bosques centenarios, otras 35 hectáreas de bosques maduros de la misma especie y 141 hectáreas más de bosques de menos de 100 años.

También ha afectado dentro de los límites protegidos a 384 hectáreas de fayal-brezal (256 de talla arbórea y 127 de talla subarbórea), 65 de matorrales, 46 de pino canario y a una decena de hectáreas de vegetación situada en zonas rocosas.

El fuego no solo ha dejado su huella en bosques y especies protegidas (siete, en concreto), sino que también ha ocasionado desperfectos en infraestructuras y equipamientos de uso público esenciales para la actividad turística y económica insular.

Ángel Fernández destaca que seis de las 18 rutas del Parque Nacional (22 Km. en total) han quedado “fuertemente” afectadas por la destrucción y degradación de la vegetación y del paisaje y por el deterioro de los caminos y equipamientos asociados.

A corto plazo, preocupa el daño añadido que las áreas quemadas pueden sufrir si se producen lluvias torrenciales, por lo que ya se están estudiando las zonas de riesgo y se trabaja en un proyecto para mitigar el efecto de la erosión y prevenir posibles avenidas.

Para evitar ese riesgo, se recurrirá a métodos convencionales, como la creación de fajines (obstáculos de vegetación quemada), y se construirán albarradas (pequeños diques provisionales con material de la zona), explica Ángel Fernández.

Se plantea, asimismo, un programa de repoblación y restauración ecológica de las zonas afectadas, de una duración mínima de tres años, que incluiría todas las acciones necesarias para la recuperación de la cubierta forestal.

El análisis del impacto del incendio sobre especies de flora amenazada que tienen su hábitat en Garajonay, sobre ciclo hidrológico insular y sobre la recarga de acuíferos y la erosión, son otras de las propuestas que plantea el Parque Nacional.

El Parque apuesta también por la reparación urgente de las infraestructuras dañadas, como pistas, caminos, señales y equipamientos esenciales para la actividad turística.

En este ámbito, afirma Fernández, se aboga por reforzar el programa de concienciación social sobre el problema de los incendios y por la difusión de las actuaciones de recuperación,

Para ello, se sugiere contar con el sector turístico para poner en marcha un programa interpretativo sobre el bosque quemado e instruir a los guías para que puedan informar a los visitantes de La Gomera sobre los incendios y su impacto en el territorio.

Además, se recomienda canalizar hacia programas de voluntariado a los ciudadanos que quieran colaborar en las labores de restauración.

Para todas estas medidas se trabaja en mecanismos de financiación a través de la Dirección General de la Protección de la Naturaleza, la Unión Europea o los proyectos “Life”.

El director del Parque muestra su preocupación por las áreas quemadas que han quedado desprotegidas y expuestas a la erosión, así como por la evolución y el grado de “rebote” que pueda tener la vegetación durante la primavera, algo que dependerá de factores como las condiciones de lluvia o la intensidad de la quema.

Ángel Fernández recuerda, en este sentido, que buena parte de las zonas quemadas están situadas en la vertiente sur de la isla, en lugares de mayor insolación, menos influidos por los alisios y, por tanto, más expuestos a una frágil recuperación.

Otra de las dudas, reside en cómo se comportarán las zonas restauradas en años recientes cuya vegetación todavía no tenía un gran desarrollo y no contaba con sistemas de raíces potentes.

Se prevé también que la vegetación que surja tras el incendio sea más inflamable que la anterior, puesto que las zonas arbóreas quemadas pasarán a ser formaciones de menor desarrollo.