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La Gomera y el futuro – Por Wladimiro Rodríguez Brito

El incendio del pasado mes y la situación económica que vivimos en Canarias nos obliga a hacer una lectura del momento actual. La isla de La Gomera, abandonada y marginada a lo largo de la historia se encuentra en la actualidad en una coyuntura que puede favorecer el progreso de sus habitantes, y la estabilidad ambiental de la isla.

No todo lo ocurrido en los últimos cuarenta años en La Gomera ha sido negativo. Si bien es verdad que la isla es la que más se ha desagrarizado de Canarias ya que ha perdido más del noventa por ciento de la superficie agrícola, se ha dado un vuelco a las infraestructuras insulares. La comunicación interior y exterior, así como las instalaciones hídricas hacen que los elementos más deficitarios a lo largo de la historia de la isla han mejorado radicalmente. Las carreteras actuales permiten comunicar con facilidad los diversos caseríos de La Gomera, algo que antiguamente imposibilitaba la dura orografía que prácticamente aislaba un barranco de otro. Se ha pasado de viajar a Tenerife en barcos de cabotaje como el Sancho Segundo y el San Juan Nepomuceno a modernos barcos como el Benchijigua Express.

La isla dispone hoy de las segundas mayores reservas de agua potable por habitante. La construcción de presas, la perforación de pozos, así como contar con unos de los manantiales más importantes del archipiélago, hace que disponga de un caudal importante para el abastecimiento de la población y los cultivos de regadío. Debemos plantearnos qué dificultades impiden que los recursos actuales se aprovechen en su totalidad.

Con el lamentable incendio del pasado mes se pone de manifiesto que el Parque Nacional de Garajonay, joya ambiental que debemos cuidar, es muy frágil si no hay una cultura rural en torno al mismo. En la parte sur del parque nacional en la que se propagó el fuego a lo largo del mes de agosto, carece en gran parte de agricultores y ganaderos que desarrollen una actividad agraria complementaria con los usos tradicionales que se mantenían en nuestros montes hasta la declaración del parque. El fuego puso de manifiesto que las tierras cultivadas, sobre todo los viñedos, hicieron de corta fuego puesto que las tierras no cultivadas habían sido ocupadas por brezos y codesos, que son plantas que propagan especialmente el fuego. La falta de actividad de aprovechamiento de madera del monte como se hacía antaño intensificó el fuego dado el volumen de combustible acumulado en estos últimos años.

La agricultura es complementaria con el mantenimiento del Parque Nacional. En el llamado pre-parque se deben tomar medidas de forma que convivan los usos tradicionales con la conservación de la naturaleza. Hay que buscar la manera de recuperar la actividad agroganadera de antaño en este entorno. Las parcelas cultivadas son de hecho “cortafuegos verdes” que limitan el avance de las llamas en las zonas de sotobosque.

Por otra parte el agua en estos momentos se desperdicia mediante sistemas de riego medievales o ni siquiera se utiliza por falta de superficie de regadío. Es significativo el caso de los manantiales de Guadá en Valle Gran Rey que al carecer de canalización alimenta el mayor cañaveral de La Gomera que ha sufrido tanto en el último incendio. Valga como ejemplo lo realizado en los manantiales de Marcos y Cordero en Los Sauces, La Palma, donde se han acometido obras de canalización que ha permitido reducir las pérdidas de la red de distribución de tal manera que se ha más que duplicado el caudal que llega a los campos de cultivo, pasando de regar cada treinta días a solamente cada doce. Es básico que en el barranco de Valle Gran Rey las cañas sean sustituidas por otra vegetación menos propensa al fuego, para lo cual se deben evitar las escorrentías con aguas no aprovechadas en los regadíos.

Hemos pasado de más de seis mil hectáreas de cultivo en los años cincuenta del pasado siglo a poco más de quinientas en estos momentos. De plátanos y tomates existían unas novecientas hectáreas en el año 1956 que se han visto reducidas a ciento sesenta hectáreas en el año 2011. La superficie de secano actual representa poco más que unas doscientas hectáreas de viñedo.

En el medio rural gomero como hemos visto hay muchas oportunidades para mejorar el auto abastecimiento de los isleños e incluso contar con superficie para cultivos de exportación. Es en este estado de cosas en el que la Gomera puede mejorar de manera significativa la vida de la población insular e incluso ocupar a más habitantes de los existentes. La agricultura implica además un mantenimiento y una mejora significativa del paisaje gomero, lo cual significa además más atractivos turísticos en la isla. Turismo, agricultura, pesca y medio ambiente deben de ir de la mano en el futuro de esta isla.

*Doctor en Geografía