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Independencia y pasta – Por Francisco Pomares

Hablando de la situación en Cataluña, Lorenzo Olarte recordaba hace unos pocos días que siendo él presidente del Gobierno, usó la amenaza de pedir para Canarias un régimen de Estado libre Asociado -similar al de Puerto Rico con los USA- y le sacó al Gobierno español 17.000 millones de las pesetas de antes, un montón de dinero. Eran otros tiempos, en los que la unidad del país se cotizaba muchísimo más alto que ahora… Ahora, la base del problema que enfrenta al Gobierno de Cataluña con el de Rajoy no es la independencia -por más que la presión de las calles y de los sentimientos independentistas conduzca más o menos inexorablemente en esa dirección- sino la imposibilidad manifiesta de la Generalitat de pagar las nóminas a maestros y sanitarios en octubre.

En ese sentido, el problema de Cataluña no es muy diferente del problema que aqueja al resto de las regiones, Canarias incluida. Lo que ocurre es que aquí estamos acostumbrados a pedir con mucho desparpajo y hasta un algo de poca vergüenza: Canarias recibe 800 millones menos de lo que le correspondería recibir si a todos los españoles nos dieran lo mismo, que sería lo justo. Pero recibimos bastante más del doble de lo que aportamos, y no nos llega. A Cataluña le pasa lo mismo y lo contrario: que no les llega, pero casualmente aportan a la caja de todos (esa que sirve para pagar la solidaridad y la policía autonómica canaria, entre otras cosas) bastante más de lo que reciben. Por eso piden los catalanes un concierto fiscal, para hacer de su capa propiamente un sayo, como los vascos, y por eso Rajoy se niega, porque si todos se quedaran con lo que recaudan, no saldrían las cuentas ni por asomo. Ni al Estado, ni a las regiones que por encima de lo que se recauda en ellas. O sea, que nones. Por eso van a seguir estirando los catalanes la cuerda de la presión soberanista. A fuerza de tocarle los bolsillos, los catalanes han acabado por derivar su catalanismo hacia la independencia. Está por ver que la mayoría de la sociedad catalana quiera la independencia, pero los políticos juegan con ese sentimiento, aún sabiendo que es peligroso cabalgar sobre los sentimientos. Mao Ze-Dong decía que en política los sentimientos son como un tigre, que puede revolverse y devorar a quien lo monta.

En Canarias no corremos ese peligro. Rivero puede amagar con comparaciones fuera de lugar, darle sabios consejos al Rey o jugar al conflicto con Madrid, pero no tiene tropa detrás. La independencia canaria es sólo un chiste editorial diario, que no sirve ni para meter miedo. Si aquí queremos que nos den (dinero, quiero decir), habrá que confiar en las habilidades de González Ortiz. O sea, que lo llevamos crudo.